jueves, 16 de febrero de 2017

Goya en Cádiz

La multiplicación de los panes y los peces
Francisco de Goya y Lucientes, pintor zaragozano que vivió entre los años 1.746 y 1.828, es, sin lugar a dudas, uno de los grandes genios del arte, no solo español, sino universal. Su obra marca un antes y un después en la historia de la pintura, pues fue un precursor de los distintos movimientos artísticos y de las vanguardias que se desarrollarían a lo largo de los siglos XIX y XX. Su mayor legado consiste en habernos transmitido como nadie la verdad de una época y de una España trágica, y hacerlo de una forma sorprendentemente moderna, casi como de reportaje o crónica periodística, contándonos con su pincel de una forma satírica la sociedad de su época, o la brutalidad de la guerra, o las miserias y grandezas de esos personajes de la realeza, de la aristocracia o del pueblo llano, todos ellos admirablemente retratados.
Junto a esos retratos magistrales que Goya realizó como pintor de Cámara de la Corte, de políticos y de aristócratas, su obra sobresale por las distintas series, tanto en pintura como en grabado, que realizó a lo largo de su vida, como los cartones que pintó para la Real Fábrica de Tapices de Madrid, la colección de aguafuertes Los Caprichos, cuadros como Los fusilamientos del 3 de mayo o los Desastres de la guerra, verdadero reportaje gráfico de la guerra de la Independencia, los grabados de la Tauromaquia y los Disparates, y las Pinturas negras, con las que decoró su casa de la Quinta del Sordo de Madrid. Obras todas en donde se refleja la genialidad y la originalidad del pintor aragonés.
La Santa Cena. Llama la atención la curiosa disposición de
los apóstoles, recostados o tendidos en el suelo
Afortunadamente, Cádiz conserva una pequeña pero interesante muestra del arte de Goya, tras la visita que realizó a la ciudad en dos ocasiones en los años finales del siglo XVIII. En febrero de 1.793, el pintor se trasladaba a Cádiz procedente de Sevilla, para ser atendido de una grave enfermedad que había contraído por los médicos gaditanos, considerados los mejores de España, gracias a la existencia allí del Real Colegio de Cirugía de la Armada, establecido en la capital gaditana desde hacía varias décadas. Se cree que la enfermedad que padeció pudo ser saturnismo, causada por el alto contenido en plomo de los pigmentos que utilizaba; aunque consigue recuperarse, le quedará como secuela una sordera de por vida. El pintor se había alojado en casa de un amigo suyo, de  nombre Sebastián Martínez, un comerciante riojano instalado en la ciudad, que, además, era un ilustrado amante de las letras y las artes, el cual poseía en su casa una gran biblioteca y una importante colección de obras de arte. De este personaje se conserva un retrato pintado por Goya que le hizo durante su estancia en Cádiz, y que se conserva en un  museo neoyorquino.
La parábola de la boda del hijo del rey
Años después, en 1.796, realiza un segundo viaje a Cádiz, posiblemente por una recaída en la enfermedad, mientras se hallaba en Sanlúcar de Barrameda con la duquesa de Alba, haciéndole retratos y dibujos, y con la que, al parecer, mantenía algún tipo de relación. En esta ocasión, el sacerdote José Sáenz de Santamaría, Marqués de Valde-Iñigo, promotor de la construcción del Oratorio de la Santa Cueva, auténtica joya del arte neoclásico, le encargó una serie de pinturas para decorar la capilla alta del mismo. Son tres lienzos de asunto religioso, un tema escasamente tratado por el pintor y no muy conocidos del gran público: La multiplicación de los panes y los peces, La Santa Cena y La parábola de la boda del hijo del rey, elaborados con una técnica muy moderna, a base de pinceladas sueltas. Junto a estas obras, hay otras dos: Las bodas de Caná y La recogida del maná, de Zacarías Velázquez y José Camarón, respectivamente. Son, pues, un conjunto de cinco lienzos dedicados a la Eucaristía, sacramento al que está consagrado la capilla. Las pinturas de Goya fueron sometidas hace unos años a un proceso de restauración en el Museo del Prado de Madrid.

Francisco de Goya. Autorretrato. 1.795.
Museo del Prado

La Santa Cueva de Cádiz. Se puede observar dos de los lienzos de
Goya, de forma semicircular, sobre las puertas situadas a ambos
lados del altar
 
Sebastián Martínez y Pérez, óleo de Goya. 1792.
El pintor estuvo alojado en su casa mientras
permaneció en Cádiz.

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