miércoles, 10 de junio de 2026

Oratorio de San Felipe Neri

Lápidas conmemorativas en la fachada
Se trata, sin lugar a dudas, de uno de los lugares más simbólicos y emblemáticos de Cádiz, por el significado político que encierra, como auténtico santuario de la libertad, al haber sido cuna de la primera Constitución española, la de 1812.
Este templo fue construido entre los años l685 y 1719 para albergar a la comunidad filipense, siendo su arquitecto Blas Díaz. De planta elíptica, es una de las escasas iglesias barrocas de este tipo existentes en Andalucía. El retablo mayor, barroco del siglo XVIII, contiene en su hornacina central un Sagrado Corazón, flanqueado por los Patronos de Cádiz, y sobre él un magnífico lienzo de la Inmaculada Concepción, de Murillo, fechada en 1680. En el ático, la imagen de su titular, San Felipe Neri. En la clave del arco del presbiterio destaca un cuadro del pintor Clemente de Torres representando al Padre Eterno. Llama especialmente la atención la gran cúpula encamonada, con tribunas, que cubre el templo, en la que se abren vanos que iluminan su interior. La cúpula original tuvo que ser reconstruida por el maestro Pedro Afanador, debido a los destrozos causados por el terremoto de 1755. Los retablos de las capillas laterales son todos del siglo XVIII, destacando la capilla del sagrario, en el lado izquierdo, realizada en mármol, siendo una de las principales obras barrocas de origen genovés existentes en Cádiz. También es interesante, en la capilla contigua, un altorrelieve con la Adoración de los Reyes y una cabeza de San Juan Bautista en una urna.
Este monumento ha pasado a la historia, como decimos, por haber sido lugar de celebración de las Cortes de Cádiz, que promulgaron la primera Constitución política española el 19 de marzo de 1812, de ahí que se la conociera popularmente como La Pepa. En la cripta yacen los restos de algunos de los diputados participantes en las mismas.
Del exterior, lo más llamativo son las numerosas lápidas conmemorativas que adornan la fachada del templo recordando tan importante acontecimiento, colocadas con motivo del primer y segundo centenarios de la Constitución gaditana, correspondiendo la mayoría de las lápidas al primero de ellos.

Cúpula con tribunas


jueves, 14 de mayo de 2026

Origen de Cádiz


A modo de resumen, este vídeo (1) hace un interesante recorrido por los orígenes y la historia antigua de Cádiz, una ciudad fundada por los navegantes fenicios en el año 1104 a. de C., según las fuentes griegas y romanas, una fecha, por el momento, sin confirmar por la arqueología, pues los restos arqueológicos más antiguos hallados hasta la fecha pertenecen al s. IX a. de C. El vídeo muestra cómo los fenicios fundaron Gadir en un archipiélago formado por dos islas, separadas ambas por un canal, construyendo en una la ciudad y en la otra un templo dedicado al dios Melkart, cuyo culto se mantendría durante mil años, bajo fenicios, cartagineses y romanos, adoptando por éstos el nombre de Hércules. Gadir se convierte en una ciudad portuaria próspera, dedicada al comercio y a la pesca, desarrollando una intensa actividad mercantil, particularmente con la vecina Tartessos, civilización asentada en el sur peninsular y sobre la que Gadir y los comerciantes fenicios, atraídos, sobre todo, por su riqueza minera, ejercerán una gran influencia. Pero la caída de la metrópolis, Tiro, en manos de Babilonia en el siglo VI a. de C. favorecerá que la otra gran colonia fenicia del norte de África, Cartago, se haga con el control del Mediterráneo occidental, integrándose Gadir en el nuevo imperio cartaginés. Éste se mantendrá hasta la irrupción de la poderosa Roma, vencedora en las guerras púnicas sobre Cartago, siendo el dominio romano una época de gran esplendor para Gades, así denominada a partir de ahora, gracias a la importancia de su puerto y al poder e influencia de los Balbo, familia gaditana gobernante, impulsores del desarrollo urbanístico de la ciudad, y amigos y aliados de Julio César y de Augusto.
Un vídeo, pues, que nos acerca a los orígenes de la considerada, tradicionalmente, como ciudad más antigua de Occidente, y que aún sigue estando habitada.

(1) Vídeo del Canal de Youtube Postales del Pasado.

viernes, 30 de enero de 2026

El año de Manuel de Falla

En este 2026 se conmemora un doble y especial aniversario: el 150 aniversario del nacimiento, en Cádiz, del más universal de los compositores españoles, Manuel de Falla y Matheu, y, al mismo tiempo, el 80 de su fallecimiento, ocurrido en Argentina, donde se hallaba exiliado. Nacido en la gaditana Plaza de Mina el 23 de noviembre de 1876 en el seno de una próspera familia de comerciantes, recibió una formación musical desde muy niño, frecuentando los círculos culturales de la ciudad, como la casa del pintor y mecenas local Salvador Viniegra, a quien dedica una de sus primeras composiciones para piano y violonchelo. Tiempo después, se trasladaría a Madrid para continuar con su formación, aunque sin perder el contacto con su tierra natal. En la capital madrileña, se interesaría por la tradición musical española, como la zarzuela y el cante jondo. En París, su siguiente escala, conocería a músicos de la talla de Claude Debussy, Maurice Ravel e Igor Stravinsky, que ejercerían una gran influencia en su música, así como a los españoles Isaac Albéniz y Enrique Granados. De vuelta a España, en 1920 establecería su residencia en Granada, donde entablaría amistad con Federico García Lorca, junto con otros artistas. Nombrado académico de la Real Academia Hispano-Americana de Ciencias y Artes de Cádiz y de la de Bellas Artes de Granada, sería declarado hijo predilecto de Cádiz e hijo adoptivo de Guadix. A finales de 1930, realizó un viaje a la capital gaditana, visitando el islote de Sancti-Petri, lugar donde estaría ubicado el Templo fenicio de Hércules, lugar que le serviría de inspiración para la composición de su obra póstuma, La Atlántida

Casa natal de Manuel de Falla

Tras la proclamación de la Segunda República en abril de 1931, de la que se mostraría partidario, criticó la quema de iglesias que llevaron a cabo las fuerzas revolucionarias, afectándole, especialmente, la quema de iglesias en Cádiz, como él mismo llegó a afirmar. Finalizada la Guerra Civil, y ante el ambiente bélico en Europa, decide irse a vivir a Argentina en octubre de 1939, pese a los intentos del gobierno de Franco para que se quedara en España. Finalmente, la noche del 13 de noviembre de 1946 fallecía Manuel de Falla en Alta Gracia, en la provincia argentina de Córdoba. Sus restos mortales fueron traídos a Cádiz, su ciudad natal, siendo recibidos, además de por los familiares y las distintas autoridades civiles y eclesiásticas, por José María Pemán, quien impulsó y tuvo un papel decisivo en dicho traslado, enterrándose en la cripta de la catedral gaditana.

Falla compondría para distintos géneros musicales: voz y piano, música de cámara, ballet, opera y zarzuela. La impronta de Cádiz, ciudad abierta al mar y cosmopolita, se deja sentir en su obra, marcada por esa mezcla de raíces populares y sensibilidad europea, combinando la esencia del folklore andaluz con lo modernista. Obras como El amor brujo, El sombrero de tres picos, Fantasía Bética, Noche en los jardines de España, La vida breve o El retablo de Maese Pedro, son referentes esenciales del repertorio musical español y mundial. La Atlántida, que no llegaría a terminar por sobrevenirle la muerte, simboliza la búsqueda de una síntesis espiritual entre culturas, obra que acabaría su discípulo Ernesto Halffter.

La figura del compositor gaditano está presente en la ciudad que le vio nacer. Así, el Gran Teatro Falla, el Festival de Música Española de Cádiz Manuel de Falla y el Conservatorio Profesional de Música, que también lleva su nombre, recuerdan su figura.


Tumba de Manuel de Falla, en la cripta de la Catedral de Cádiz

miércoles, 17 de septiembre de 2025

El saqueo anglo-holandés de Cádiz (2): Consecuencias

Cádiz durante el saqueo. A la derecha, varios
soldados disparan contra la Virgen situada sobre
la puerta de acceso a la villa medieval
Ya vimos en el artículo anterior cómo una flota anglo-holandesa invadía y saqueaba Cádiz en el verano de 1596, en el contexto de la guerra entre España e Inglaterra. Ahora vamos a ver las trágicas consecuencias que trajo consigo este saqueo. 
Se estima que perecieron unas 2.000 personas entre civiles y militares, en una ciudad de 6.000 habitantes, es decir, un tercio de la población sucumbió ante este devastador ataque. Las pérdidas económicas, por su parte, fueron cuantiosas, estimándose en unos cinco millones de ducados, principalmente por la pérdida de la flota y de los cargamentos destinados a las Indias, además de por los bienes robados a los propios gaditanos. Las consecuencias económicas sobrepasaron el ámbito local, hasta el punto de declararse el Estado en quiebra ese mismo año. El destrozo patrimonial fue enorme, siendo pasto de las llamas una gran cantidad de edificios entre casas, alrededor de 300, equivalente, aproximadamente, a la mitad de la ciudad; iglesias, como las de Santa Cruz o Catedral Vieja, Santiago y San Francisco, y edificios públicos. Esta destrucción es causa de que apenas se hayan conservado en Cádiz construcciones anteriores a dicha fecha, excepción hecha de algunos restos arquitectónico de la propia Catedral, que se salvaron de la quema, y del teatro romano, gracias a que en aquella época aún no había sido descubierto, oculto bajo la alcazaba y el barrio del Pópulo. Para defenderse de futuros ataques y saqueos, se procedió a fortificar la ciudad, con la construcción de murallas y castillos, encargándose de las obras el ingeniero militar Cristóbal de Rojas. 

Lienzo de la Santísima Trinidad con las marcas
de las cuchilladas que le dieron los ingleses
El saqueo también tuvo su reflejo en la literatura, de la mano de Cervantes, quien lo inmortalizó en dos obras: una novela ejemplar, La española inglesa, que relata la historia de una gaditana que es secuestrada por un caballero inglés durante el saqueo y llevada a Inglaterra, donde se casa con un hijo suyo, y un soneto titulado Vimos en julio otra Semana Santa, que transcribo más abajo.
Las huellas del saqueo aún son visibles en nuestros días; así, en un retablo de la iglesia de Santiago de Cádiz, donde en un lienzo de la Santísima Trinidad quedaron las marcas de las cuchilladas que le hicieron las tropas invasoras, las cuales también tirotearon una imagen de la Virgen del Populo situada en una hornacina sobre una de las puertas de la muralla que daba acceso a la villa medieval, como se puede apreciar en la imagen superior, quedando marcados en el lienzo los impactos de las balas, aunque, posteriormente, se cubrieron para disimularlos.


Fuente: ciudadseva.com


martes, 9 de septiembre de 2025

El saqueo anglo-holandés de Cádiz

Mapa de la Bahía de Cádiz en el siglo XVII

A finales del siglo XVI el enfrentamiento entre la católica España, principal potencia mundial del momento, y la protestante Inglaterra, dispuesta a arrebatarle ese poder, iba en aumento, estallando la guerra entre ambos países entre los años 1585 y 1604. Los corsarios ingleses no dejaban de atacar las costas españolas y hostigar los galeones cargados con las riquezas procedentes de las colonias americanas; la Corona inglesa, además, apoyaba a los Países Bajos, también en guerra con España. Ante esta situación, Felipe II decidió invadir Inglaterra, para lo cual armó una flota en aguas de la bahía de Cádiz, que fue destruida en 1587 por el pirata Francis Drake, a las órdenes de Isabel I de Inglaterra, y un año después la Armada Invencible también sucumbía en su intento de conquistar este país, debido, principalmente, a las adversas condiciones meteorológicas.
Cádiz se había convertido en una ciudad próspera y cosmopolita, gracias al tráfico comercial con el Nuevo Mundo, en donde se habían establecido colonias de mercaderes de distintas procedencias, atraídos por la actividad de su puerto, convirtiéndose, de esta manera, en objetivo prioritario de los ingleses en su lucha contra España, atacando la ciudad en diversas ocasiones, como en el verano de 1596. En la madrugada del domingo 30 de junio, una poderosa armada anglo-holandesa, compuesta de 170 naves y 20.000 hombres, al mando del almirante Charles Howard, Lord Effingham, con fuerzas terrestres comandadas por Robert Deveroux, Conde de Essex, y sir Walter Raleigh, se presentaba en aguas gaditanas, pese a los intentos del almirante Álvaro de Bazán, Marqués de Santa Cruz, por impedirlo. La flota de guerra española fondeada en la Bahía, compuesta de 40 navíos, más la flota de Indias, se refugió en la inmediata Puerto Real. A primeras horas de la tarde, un ejército de dos mil ingleses desembarcaban en la playa de Puntales sin encontrar apenas resistencia, pues los 600 infantes y 300 jinetes encargados de la defensa, procedentes de Jerez, al mando del corregidor Antonio Girón, pronto se dieron a la fuga. Mientras una parte de las fuerzas atacantes se dirigía hacia el Puente de Zuazo, en San Fernando, otra lo hacia en dirección a Cádiz, ocupándola y saqueándola. Numerosas casas, iglesias y edificios públicos fueron incendiados, dedicándose las huestes inglesas al pillaje. Alonso Pérez de Guzmán, duque de Medina-Sidonia, máxima autoridad en la región, ordenó la destrucción de las naves españolas para evitar que cayesen en poder de las fuerzas enemigas, habiendo también mandado refuerzos desde distintas poblaciones de la provincia, como Jerez, Arcos, Medina Sidonia o Chiclana, entre otras, para hacer frente a británicos y holandeses. No obstante, la desorganización y descoordinación entre los responsables de la defensa de la villa, fue causa de la derrota, a lo que habría que añadir el pésimo estado de las fortificaciones, faltas de mantenimiento. Se pactó la salida de los habitantes de Cádiz, que tuvieron que abandonar la ciudad con lo puesto, a cambio de un rescate de ciento veinte mil ducados y la liberación de prisioneros ingleses, quedando como rehenes de los atacantes algunos personajes relevantes y autoridades de la ciudad, en garantía del pago del rescate, como el propio corregidor ya citado, Antonio Girón, y el presidente de la Casa de Contratación de Indias, Pedro Gutiérrez Flórez, no siendo liberados hasta varios años después.

La flota anglo-holandesa atacando Cádiz
Aunque Cádiz sufrió otros ataques enemigos a lo largo de su historia, éste fue el más devastador de todos, hasta el punto de plantearse el abandono de la ciudad y el traslado de la población al Puerto de Santa María, optándose, finalmente, por defenderla y fortificarla adecuadamente, siguiendo el proyecto, entre otros, del ingeniero militar Cristóbal de Rojas. Los conquistadores estuvieron a punto de quedarse en la ciudad, ocupándola de forma permanente, con lo que se habría convertido en la primera colonia británica en España antes de Gibraltar, pero, finalmente, decidieron retirarse, lo que tendría lugar el 15 de julio, dejando tras de sí un panorama de muerte y desolación. En un próximo artículo referiremos las nefastas consecuencias de este saqueo, del que la ciudad tardaría en recuperarse.