miércoles, 14 de diciembre de 2016

Un gaditano vencedor en la guerra de Secesión estadounidense


Fotografía del general gaditano George Gordon Meade
Que Cádiz ha sido lugar de nacimiento de personajes ilustres a lo largo de la historia es algo conocido, y ahí tenemos el caso de políticos, músicos o escritores, entre otros, que le han dado fama nacional e, incluso, internacional. Pero la capital gaditana también ha sido cuna de otros personajes no tan conocidos por el público gaditano y español, pero no por ello menos importantes, sino todo lo contrario, protagonistas de la historia de países de la importancia, por ejemplo, de EE.UU. Es el caso de un militar, de nombre George Gordon Meade, vencedor de la decisiva batalla de Gettysburg en la guerra civil o de Secesión norteamericana, que tuvo lugar entre los años 1.861 y 1.865, batalla que sería la más importante de toda la guerra y que daría, al final, la victoria a los Estados del Norte (la Unión) frente a los Estados Confederados del Sur. G. G. Meade nació el día de nochevieja del año 1.815 en la gaditana plaza de España, en el seno de una familia estadounidense residente en Cádiz desde principios de siglo. Su padre, Richard W. Meade, se dedicaba al comercio, dándose la particularidad de haber perdido su fortuna durante la guerra de Independencia española por su apoyo a España, haciendo también labores de espionaje para el gobierno norteamericano. Trasladada la familia a EE.UU a la muerte del padre en 1.828, Meade ingresaría en la academia miliar de West Point en 1.831, siendo destinado como oficial en las campañas contras los indios de Florida. Curiosamente, en 1.840 se casaría con otra gaditana de nacimiento, también de origen extranjero, Margaretta Sergeant. Tras abandonar la carrera militar para trabajar como ingeniero en distintas compañías ferroviarias, se reincorporó años después al ejercito, participando en la guerra contra México y, más tarde, construyendo faros y espigones en la costa estadounidense.
Tumba del general Meade y de su esposa en el cementerio de Filadelfia, en
cuya lápida figura Cádiz como su lugar de nacimiento
Tras el estallido en 1.861 de la guerra de Secesión, se puso al servicio de la Unión como brigadier general, participando en varias acciones de guerra, resultando herido de gravedad en una de ellas y trasladado a un hospital de campaña. Una vez recuperado, intervino en varias batallas importantes, siendo ascendido a mayor general. En junio de 1.863, el presidente Abraham Lincoln le nombra Comandante en Jefe del Ejército del Potomac, el mejor equipado y más importante de la Unión. La Confederación trataba de obtener una victoria importante frente al Norte, tomando alguna de las grandes ciudades, como Filadelfia o Washington que inclinase la guerra de su lado. Con este propósito, el general confederado Robert E. Lee, viejo amigo, por cierto, de su oponente Meade, planteó un ataque sobre Gettysburg, en Pensilvania, que el general gaditano supo defender bien. La batalla, que duró tres días, del 1al 3 de julio, terminó con la derrota del general Lee y con más de cincuenta mil bajas entre ambos ejércitos, considerada la batalla principal de toda la guerra civil. Poco después, el general Ulysses Grant le sucedería en el mando como comandante en jefe de los Ejércitos de la Unión, quien pondría fin al conflicto en el año 1.865 con la victoria final de los Estados del Norte sobre los del Sur, a la que tan decisivamente había contribuido su antecesor G. G. Meade.
El general gaditano fallecería el 6 de noviembre de 1.872 en Filadelfia, siendo enterrado en el cementerio de la ciudad. En la fachada de la casa donde nació y pasó su infancia el vencedor de Gettysburg, en la plaza de España, esquina con la calle de Costa Rica, una placa conmemorativa allí colocada le recuerda.
 
Casa donde nació y pasó su infancia G. G. Meade, en la
Plaza de España de Cádiz, esquina con la calle de Costa
Rica. En la fachada, una lápida conmemorativa lo recuerda
 
Lápida conmemorativa en la fachada de la casa natal del general Meade
 

martes, 29 de noviembre de 2016

El edificio Valcárcel

Edificio Valcárcel
Valcárcel es uno de los monumentos principales de Cádiz. Edificio de enormes proporciones, construido por Torcuato Cayón en la segunda mitad del siglo XVIII, mezcla de estilos barroco y neoclásico, típicos de Cádiz, situado frente a la playa de la Caleta, fue el antiguo Hospicio Provincial, donde se alojaban huérfanos, viudas y ancianos, y que también ha sido manicomio y centro de enseñanza. La fachada principal, de marcada horizontalidad y sobriedad, se articula mediante pilastras, destacando como elementos decorativos las molduras barrocas de los vanos inferiores. La portada, de  mármol, se compone de arco de medio punto entre dos columnas dóricas y entablamento clásico. Del interior, sobresale el patio central, con la fachada de estilo neoclásico de una iglesia que no llegó a construirse, que recuerda el patio de los Reyes del Monasterio de El Escorial, en Madrid. En la segunda mitad del siglo XIX, Juan de la Vega amplia el edificio con un nuevo cuerpo que continua el mismo esquema compositivo, siendo en la actualidad sede de la Facultad de Ciencias del Trabajo.
Estos días pasados la Diputación ha vuelto a hacerse con la titularidad del edificio, tras varios años de abandono, fracasado en su día un proyecto para transformarlo en hotel, con idea de cederlo a la Universidad de Cádiz para convertirlo en la nueva Facultad de Ciencias de la Educación, actualmente en el Campus del Río San Pedro. El uso hostelero tampoco se ha abandonado, pues a su lado se va a construir un hotel de cuatro estrellas.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Las Murallas de Cádiz

Murallas de San Carlos. En primer plano garita, uno de los
elementos característicos de las murallas gaditanas
Las murallas son uno de los elementos arquitectónicos más característicos de Cádiz, aunque en menor medida de lo que lo fue en el pasado, debido al derribo de una parte importante de ellas hace más de un siglo. Los visitantes que durante los siglos XVIII y XIX se acercaban a la ciudad por mar o por tierra se llevaban la imagen de una ciudad fuertemente amurallada, una plaza fuerte realmente inexpugnable, que se completaba con su correspondiente artilleria de cañones y personal militar de guardia.
En la espléndida Maqueta de Cádiz, del siglo XVIII, conservada en el Museo de las Cortes de Cádiz, podemos apreciar perfectamente cómo era la ciudad en esa época.
Murallas de la Alameda. Al fondo, el baluarte de la
Candelaria
Pero no siempre fue así.  En los años finales de la edad media, la villa medieval, desbordada por el crecimiento de la población, con nuevos arrabales que se extendían más allá de sus murallas, quedaba expuesta a cualquier ataque procedente del mar.
Poco a poco, se fueron amurallando otras zonas, como la Puerta del Muro (actual Puertas de Tierra) o la zona del puerto, teniendo por el lado del sur la protección natural de los acantilados. La vulnerabilidad de Cádiz quedó claramente de manifiesto un aciago día de 1.596, cuando una escuadra anglo-holandesa, al mando del Conde de Essex, saqueó la ciudad, arrasándola e incendiándola casi por completo. Fue tal la destrucción causada que a punto estuvo la ciudad de ser abandonada y su población trasladada a los pueblos de alrededor. Afortunadamente, se decidió conservarla y amurallarla de una forma más eficaz.
Murallas de Puertas de Tierra desde el foso
Desde finales del siglo XVI y hasta el XVIII, se fue fortificando todo el perímetro urbano. Junto a las murallas, se construyeron los castillos de Santa Catalina y San Sebastián y distintos baluartes repartidos a lo largo del mismo, como los baluartes de Santiago, de la Candelaria, del Bonete, del Orejón, de los Mártires, de Capuchinos, de San Roque y de Santa Elena, así como la batería de San Felipe, habiendo desaparecido otros con el derribo de las murallas que daban al muelle a principios del siglo pasado. A ello habría que sumar las monumentales puertas de acceso a la ciudad, como la Puertas de Tierra, del Mar, de Sevilla, de San Carlos y de la Caleta, de las que, por desgracia, solo se conservan ésta última y la de Tierra, pues la actual de San Carlos no es la original.
Las defensas gaditanas se completaban con los glacis de Puertas de Tierra, un conjunto fortificado situado frente a ella, tras el foso, que dificultaban el acceso, siguendo el sistema defensivo del ingeniero militar francés Vauvan, y las galerías subterráneas conocidas popularmente como Cuevas de María Moco, consistentes en un conjunto de túneles subterráneos, minas y contraminas que discurrían por debajo de esta zona de la ciudad, construidas para refugio o para una posible huida ante hipotéticos asaltos enemigos, pero que fueron utlizadas, sobre todo, para otras prácticas, como el contrabando.
Tramo de muralla entre los baluartes de Capuchinos y de los
Mártires, en el Campo del Sur. Bloques de hormigón para
combatir la acción del mar, rompiendo la estética del lugar
La muralla del Campo del Sur o del Vendaval, levantada sobre los acantilados existentes en esta zona, los cuales durante mucho tiempo actuaron como muralla natural,  fue el tramo más problemático en su construcción, debido a los continuos embates del mar, que provocaba frecuentes derrumbes y socavones, con lo que a lo largo del siglo XVIII se tuvo que reforzar varias veces la  muralla. A mediados del siglo pasado se optó por solucionar este problema colocando bloques de hormigón, ocultando la muralla y dañando gravemente la estética del lugar (ver el artículo La Muralla Escondida), cambiando también la fisonomía del tramo comprendido entre el Colegio de la Mirandilla y el baluarte de San Roque.
En la zona de extramuros (Puertatierra) había también varios puntos defensivos que defendían la ciudad por la parte de la Bahía. Concretamente, la batería del Romano, desaparecida en la actualidad, y las baterías de la Primera y Segunda Aguadas, situadas ambas, respectivamente, en el colegio Villoslada y en la Plaza de Santa Ana, entonces línea de costa. De toda esta zona, el enclave más importune era el castillo de San Lorenzo del Puntal, junto al actual barrio de Puntales, que defendía el interior de la Bahía y que llegó a tener gran protagonismo durante la invasión francesa de 1.808.
Cañones en las murallas de San Carlos, encontrados durante
las obras de ampliación del parking subterráneo de Canalejas
El fuerte de la Cortadura fue la última fortificación construída en Cádiz, que se levantó en esa fecha para proteger el único acceso terrestre a Cádiz e impedir el paso de las tropas napoleónicas, algo que no llegó a suceder pues éstas no lograron pasar de San Fernando.
Por último, decir que las murallas gaditanas han sido protagonista de las letras de algunas coplas famosas y palos flamencos que las cantaban, como aquella de:
"Son de piedra y no se notan, las murallitas de Cádiz, son de piedra no se notan, "pa" que en ellas los franceses se rompan la cabezota. Con las bombas que tiran los fanfarrones, se hacen las gaditanas tirabuzones...".

Vista de Cádiz del siglo XVII, con parte de sus murallas


Maqueta de Cádiz. 1.777. En primer término, los glacis de Puerta  Tierra.
. Museo de las Cortes de Cádiz





viernes, 7 de octubre de 2016

Un Museo al aire libre


Tumbas de inhumación. El cadáver se depositaba en un
 sarcófago de madera en el interior de las cistas de sillares,
con su correspondiente ajuar. Época fenicio-púnica,
 ss.. V-IV a.C.
En los parques Erytheia y Kotinoussa (nombres antiguos de las islas gaditanas), más conocido como jardines de Varela, en la avenida de Andalucía, se expone desde hace unos años una muestra de la necrópolis de Cádiz, como un  museo al aire libre, con restos de enterramientos fenicios, púnicos y romanos encontrados en la zona en las obras realizadas allí durante la transformación de los antiguos cuarteles militares de Varela en zona urbana en la últimas décadas. Así, podemos contemplar diversas tumbas de inhumación e incineración ubicadas en distintos parterres del parque Kotinoussa, que abarcan desde el siglo V a. de C. al II d. C., lo que nos permite conocer la evolución de las prácticas y costumbres funerarias de los antiguos gaditanos en ese período de tiempo, visita que se puede realizar a modo de circuito didáctico, con paneles informativos junto a cada resto. Además de las tumbas, hay expuestas varias estelas funerarias, con la inscripción del nombre del fallecido, que servían para señalizar cada enterramiento. Hay también una reproducción de la Dama de Cádiz, el sarcófago antropoide femenino de mármol que se encuentra en el Museo Arqueológico de la ciudad, junto con el sarcófago masculino, protegido por cistas de sillares de piedra ostionera, tal y como se encontraba en el momento de su descubrimiento en la cercana calle Parlamento, en el año 1.980. Igualmente, se expone en el parque una cisterna romana encontrada en el yacimiento Gadir, en la calle San Miguel, bajo el Teatro de la Tía Norica, perteneciente a una antigua factoría de salazón.
Tumba incineración, con urna en el interior conteniendo
las cenizas del difunto. Se acompañaba de ajuar.
Época romana, ss.. I-II d.C.
En el contiguo parque de Erytheia se encuentran los restos de una villa romana descubierta hace varios años durante las obras del parking subterráneo allí existente y que fue trasladada a este sitio desde su lugar original, situado bajo el solar contiguo que ocupa el restaurante Lumen. Un traslado no exento de polémica en su momento.
Este circuito arqueológico por la historia antigua de la ciudad se completa en la cercana plaza de Asdrúbal con los restos del acueducto romano, del que ya hablamos en un artículo anterior, y que desde hace un tiempo esperan ser trasladados al parque de Varela, en donde un panel informa sobre el mismo, aunque el acueducto aún no ha sido colocado en su nueva ubicación.


Reproducción del sarcófago antropoide femenino expuesto en el museo de
de Cádiz, en el interior de cistas de sillares, tal como se encontró en la
cercana calle Parlamento en 1.980. Época fenicia. S. V a.C.
 
Algunos enterramientos de inhumación se tapaban con tejas de diferentes
formas, cubriéndose el conjunto con arena, encima de la cual se colocaba
una estela funeraria. Época romana, ss. I-II d.C.
 
Cisterna romana encontrada en el solar del Teatro de la Tía Norica,
probablemente perteneciente a una factoría de salazón
 
Vista del parque Kotinoussa, donde se encuentran los restos de la necrópolis
gaditana
 
Villa romana del Parque Erytheia

Acueducto romano, situado en la Plaza de Asdrúbal
 
Panel informando del acueducto romano en el
Parque de Varela, aunque éste aún sigue en su
emplazamiento original en la Plaza Asdrúbal
 

martes, 23 de agosto de 2016

La explosión que devastó la ciudad

En la historia de Cádiz hay tres fechas luctuosas que la han marcado profundamente: el saqueo anglo-holandés de 1.596, el maremoto de 1.755 y la explosión de 1.947, con un trágico balance en todas ellas de muerte y destrucción.
Minas antisubmarinas que no llegaron a explosionar
Estos días pasados se ha  conmemorado esta última fecha con motivo de su aniversario. La noche del día 18 de agosto de 1.947 una enorme explosión alteraba trágicamente la vida de la ciudad, sumiéndola en la confusión y el caos. Al principio, se desconocía qué la había provocado, pero pronto se supo que había estallado unos depósitos de minas antisubmarinas y otras bombas, procedentes de la Guerra Civil Española, depositadas en un almacén de la Armada de la Base de Defensas Submarinas, situada en el barrio de San Severiano. Este barrio, la barriada España, Bahía Blanca, los astilleros y una gran parte de extramuros habían quedado arrasados, entre ellos edificios importantes como la Casa Cuna, donde murieron un gran número de niños, y el Sanatorio Madre de Dios. Afortunadamente, el casco antiguo pudo salvarse gracias a las murallas de Puertas de Tierra, que contuvo la onda expansiva, aunque también sufrió importantes desperfectos en puertas y ventanas de muchos edificios, como las de la Catedral, que fueron arrancadas, y caída de cascotes. El suministro de agua y electricidad quedó cortado, así como las líneas telefónicas y la vía férrea. La rápida actuación del capitán de corbeta Pascual Pery Junquera y un grupo de marineros, que lograron sofocar el fuego en la zona, pudo evitar una segunda explosión en un almacén contiguo donde había depositadas más bombas, ante cuya posibilidad muchos gaditanos se refugiaron en la playa como lugar más seguro.
Los heridos fueron trasladados a hospitales de Cádiz, San Fernando y Jerez y pronto empezaron a llegar los primeros auxilios procedentes de la provincia, así como de otros lugares de Andalucía. La explosión fue de tal calibre que el fogonazo y posterior columna de humo pudo verse, incluso, desde lugares tan alejados como Ceuta, Sevilla o Huelva.
Imagen del estado en que quedó el barrio de San Severiano, el
más afectado por la explosión
Las causas de la explosión siempre han estado rodeadas de polémica. Se habló del mal estado de las minas y del intenso calor de esa jornada, pero a día de hoy no se sabe con certeza si fue un accidente, un sabotaje o un atentado terrorista. Sí hubo una clara responsabilidad por parte de las autoridades, al permitir la existencia de esa gran cantidad de explosivos almacenados en una zona urbana durante varios años, en vez de haberlo trasladado a una zona despoblada, como habría sido lo lógico, con el peligro para la población que ello representaba, pero no se llegaron a depurar responsabilidades, aunque algunos mandos de la Armada ya habían alertado de los riesgos.
Oficialmente, el número de víctimas fueron de 155 muertos y más de cinco mil heridos, aunque es de suponer que, dada la magnitud del siniestro, con barrios enteros devastados, los fallecidos fueran muchos más. Este hecho, lógicamente, no favorecía la imagen del gobierno de Franco y de España, en una época difícil para el país como era la postguerra, de penuria económica y aislamiento internacional, por lo que se trataría de minimizar, en lo posible, el número de personas fallecidas. La prensa nacional e internacional se hizo amplio eco de la noticia. Pero varios días después, la muerte de Manolete en la plaza de toros de Linares desviaría la atención pública de la catástrofe de Cádiz, haciéndola olvidar, prácticamente, en el resto de España.
En la plaza de San Severiano, frente al Instituto Hidrográfico, se levanta desde hace algunos años un monolito en recuerdo de las víctimas de la explosión.

Otra imagen tras la explosión

Monolito en recuerdo de las víctimas de la explosión,
a escasa distancia del lugar donde tuvo lugar la misma

martes, 16 de agosto de 2016

Otra celebración para la historia: las barbacoas del Trofeo

Últimas barbacoas del Trofeo
Como ya ocurriera en su día con otras celebraciones del pasado siglo, como la Velada de los Ángeles, fiesta veraniega de Cádiz, las carreras de motos o de caballos que tenían lugar en la playa Victoria, las corridas en la antigua plaza de toros, los festivales de verano del Teatro José Mª Pemán o el festival aéreo en la misma playa, todas las cuales terminaron por causas diversas por desaparecer, este fin de semana se ponía punto y final a una celebración que, desde los años ochenta, había dado un carácter multitudinario al acontecimiento deportivo del Trofeo Carranza.
Las barbacoas del Trofeo eran la fiesta por excelencia del verano gaditano, aunque solo durase una noche, poniendo un broche lúdico y festivo al considerado tradicionalmente Trofeo de Trofeos, un tanto devaluado, dicho sea de paso, en los últimos años, quizá debido al propio declive del equipo cadista, perdido varias temporadas en la Segunda B. Una barbacoa que, en sus mejores años, llegaba a congregar en las playas a cientos de miles de personas entre gaditanos y visitantes, hecho que le valió figurar en el Libro Guiness de Records, como la mayor barbacoa del mundo, algo realmente digno de ver por su gran ambiente, con familias enteras o grupos de amigos alrededor del fuego de las numerosas barbacoas, mientras que el humo y el olor a carne o pescado asados impregnaba todo el paseo marítimo, y en la que también se manifestaba la originalidad propia de los gaditanos a la hora de preparar su parcela de playa, en la que, incluso, no llegaba a faltar algún que otro mueble.
Pero las toneladas de basura acumulada, retirada eficientemente por los servicios de limpieza al final de las mismas, y el deterioro medioambiental de la playa por tan enorme concentración de personas, fueron acotando cada vez más el espacio permitido para las barbacoas, hasta dejarlo en su mínima expresión de este sábado, convirtiéndose así en el epílogo de esta celebración arraigada en la ciudad, otra más que ya forma parte de la historia de Cádiz.
 
Vista general de la playa Victoria en una de las barbacoas de los últimos años
 

jueves, 28 de julio de 2016

La Gran Regata de 2.016

Imágenes de la Gran Regata de 2.006
Hoy jueves 28 de julio y hasta el domingo 31 va a tener lugar en Cádiz la Regata de Grandes Veleros, sin duda alguna el acontecimiento deportivo más importante de los celebrados en la ciudad.
Numerosos veleros de diferentes países hacen escala en el puerto gaditano, dentro de un periplo que incluye a otros puertos europeos, constituyendo un espectáculo digno de ver. Una concentración de grandes y vistosos veleros que van a convertir por unos días al puerto de Cádiz en un auténtico bosque de mástiles y jarcias, haciendo rememorar otras épocas de su pasado marítimo. Diversas actividades lúdicas y culturales van a amenizar la estancia de todas aquellas personas que se acerquen a disfrutar del espectáculo, entre ellas actuaciones musicales, pasacalles y recreaciones históricas, en las que también participa la Universidad de Cádiz con talleres y exposiciones relacionadas con el mar en las carpas instaladas en el muelle.
Esta es la quinta regata de grandes veleros que se celebra en Cádiz, desde aquella primera Gran Regata Colón de 1992, así llamada con motivo del quinto centenario del Descubrimiento de América, la primera y más espectacular de todas, en la que hubo un mayor número de veleros participantes. A ésta le siguieron las de los años 2.000, 2.006 y 2.012, habiéndose convertido ya en una tradición y una atracción turística de la ciudad este importante evento marítimo internacional.
En el siguiente enlace podéis encontrar más información:  http://regatacadiz2016.es/



 

martes, 31 de mayo de 2016

La última de las grandes catedrales españolas

Fachada principal de la Catedral gaditana, destacando la
portada central, con el gran arco abocinado y frontón
triangular coronándola
La de Cádiz está considerada como la última de las grandes catedrales españolas, al ser la de construcción más tardía. Ésta se inició en el año 1.722, prolongándose los trabajos durante más de un siglo, debido a las dificultades económicas que fueron surgiendo a lo largo de este período. En 1.838, la Catedral Nueva, finalmente,  era consagrada  por el obispo Domingo de Silos Moreno, cuya estatua se alza a un lado de la catedral, habiendo aún algunas actuaciones posteriores. De ahí que haya quedado como una expresión típica gaditana la de que "está durando más que las obras de la catedral",  cuando algo se está retrasando más de la cuenta.
En la sociedad gaditana de la época existía el deseo de construir una gran catedral acorde con el esplendor comercial de la ciudad, a raíz, sobre todo, del traslado de la Casa de Contratación desde Sevilla a Cádiz en 1.717, que sustituyese al anterior templo catedralicio, la Catedral Vieja o iglesia de Santa Cruz, edificio de modestas dimensiones. Las obras, en su conjunto, fueron financiadas gracias al próspero comercio gaditano.
La Catedral destacando sobre el conjunto del caserío gaditano
Este largo período constructivo hizo que se sucedieran distintos estilos arquitectónicos en su construcción (barroco, rococó, neoclásico), integrados en el conjunto de forma armónica, siendo éste un rasgo característico de la catedral gaditana. Vicente Acero fue el arquitecto encargado de su construcción, ideando un gran edificio barroco que recoge influencias de la catedral de Granada y de la arquitectura barroca italiana. Acero fue sustituido años después por Gaspar Cayón, y éste, a su vez, lo fue por su sobrino Torcuato Cayón, otro de los grandes constructores de Cádiz, sustituyéndole más tarde Miguel de Olivares. Los arquitectos Manuel Machuca y Juan Daura culminaron las obras, ya en el siglo XIX, en estilo neoclásico, como se observa en las partes altas del edificio: torres, cúpula y remate de la fachada, modificando de esta forma el proyecto original.
Interior de la Catedral
Del exterior, destaca la fachada principal, de movidas formas, como se aprecia en la sucesión de líneas cóncavas y convexas, de clara influencia italiana. Está dividida en tres portadas, estando la central realizada en mármol, con dos cuerpos superpuestos, enmarcados por columnas corintias y las figuras de San Servando y San Germán, patronos de Cádiz. Un gran arco abocinado y un frontón triangular entre ambas torres rematan el conjunto.
Tiene planta de cruz latina, la cual se encuentra reproducida en el pavimento de la plaza de la Catedral, con tres naves, crucero, girola y capillas laterales. El interior es de gran riqueza decorativa, recubierto todo él de mármoles y jaspes, destacando la cúpula semiesférica sobre tambor en el crucero, obra de Juan Daura, y el templete de mármol y bronce situado en el presbiterio, de la segunda mitad del siglo XIX, de Juan de la Vega. Destaca también el coro con su sillería, así como un importante conjunto de pinturas y esculturas distribuidas por sus capillas, de importantes autores barrocos como Luisa Roldán, Ignacio Vergara, el italiano Esteban Frucos o el contemporáneo Mariano Benlliure, entre otros. En su interior se conserva también la custodia procesional de plata del Corpus Christi, del siglo XVI, obra de Enrique de Arfe.
En la cripta, situada bajo el altar mayor, se encuentran enterrados los gaditanos Manuel de Falla y José María Pemán, junto a obispos de la diócesis de Cádiz. Como curiosidad, esta cripta se halla situada bajo el nivel del mar, escuchándose los días de fuerte oleaje el batir de las olas contra la muralla .
La catedral sufre el llamado mal de la piedra, debido a la humedad de la zona, que afecta sobre todo a las cubiertas, razón por la cual hay colocada una red en altura para evitar que caigan al suelo fragmentos de las mismas.
El Museo Catedralicio, que guarda un rico patrimonio artístico, se encuentra situado en la Casa de la Contaduría, en la plaza de Fray Félix, junto a la iglesia de Santa Cruz.

Detalle de la fachada. Se aprecian las formas cóncavas y
 convexas de la cornisa
Detalle de la Catedral de la maqueta de Cádiz,
del año 1.777, que se conserva en el Museo de
de Las Cortes. Obsérvese las torres y la cúpula
central, realizadas según el proyecto original
 

martes, 17 de mayo de 2016

Temporales


Efectos del temporal sobre la playa Victoria:
escalón arenoso y bloques de hormigón, antes
ocultos por la arena
Quien se haya acercado a la playa de Santa María del Mar y zona colindante de la playa Victoria estos días habrá podido comprobar los efectos del último temporal en las mismas, con la pérdida de gran cantidad de arena, que ha provocado la formación de un gran escalón arenoso, casi barranco, y la aparición de nuevos bloques de hormigón, que se hallaban ocultos bajo la arena, aunque una gran parte de éstos ya hacía algún tiempo que se mostraban a la vista como consecuencia de anteriores temporales.
Siempre ha habido temporales en la costa gaditana, intensificando la erosión natural que provocan las mareas, pero sus efectos se hacen mayores sobre los rellenos de arena que se han realizado allí en los últimos años. La situación se agravará en el futuro con la subida del nivel del mar debido al deshielo provocado por el cambio climático, con lo que los temporales serán más dañinos sobre unas playas en trance de desaparecer.
Bloques de hormigón junto al chiringuito de
la playa de Santa María del Mar
Otra consecuencia de los temporales que cada año sufre la ciudad, fue la aparición durante los siglos XIX y XX de frecuentes socavones en las murallas del casco antiguo, particularmente en el Campo del Sur, Paseo de Santa Bárbara y Alameda, algunos de ellos de gran tamaño, que ponían en serio peligro la circulación y las propias viviendas de la zona. Para evitar este problema, a mediados del siglo pasado se colocaron bloques de hormigón en el Campo del Sur, para resistir los embates del mar, ocultando de esta manera a la vista la muralla. Más recientemente, se han colocado bloques en la zona del Baluarte de San Roque y en un tramo de la muralla junto al Hotel Atlántico, en donde se había formado un nuevo socavón.


 
Escalón de arena bajo las tumbonas de la playa
  
Filas de bloques de hormigón, desaparecida la
arena que los cubría por los temporales de
años pasados
 
Socavón en la muralla de la Alameda provocado por los temporales
 a principios del siglo pasado
 
Socavón de grandes proporciones de la misma época
 
 
 

lunes, 21 de marzo de 2016

El Monumento a la Constitución de Cádiz... ¡de E.E.U.U.!

Monumento a la Constitución de 1.812, en la
Plaza de España de la capital gaditana
El 19 de  marzo del año 1.812 se promulgaba en la ciudad de Cádiz la primera Constitución política española, popularmente conocida como "La Pepa", modelo de otras Constituciones europeas y americanas, tras una intensa labor legislativa iniciada un año y medio antes en la vecina Isla de León, actual San Fernando, con la reunión el 24 de septiembre de 1.810 de las Cortes Generales y Extraordinarias, trasladadas pocos meses después a la capital gaditana, labor que marcaría decisivamente el devenir histórico de España.
Para conmemorar este hecho, se construía en 1.912, con motivo del primer centenario, el Monumento a la Constitución o a las Cortes de Cádiz, ubicado en la Plaza de España, obra del arquitecto Modesto López y del escultor Aniceto Marinas, aunque las obras se prolongarían durante varios años más, conformando un bello conjunto arquitectónico y escultórico con forma de hemiciclo y grandes figuras alegóricas, coronando el conjunto un ejemplar de la Constitución.

Obelisco a la Constitución de Cádiz, en la
ciudad estadounidense de San Agustín.
 Año 1813 (Imagen: lne.es)
Pero no es del monumento gaditano del que vamos a tratar en esta ocasión, sino del existente, curiosamente, en E.E.U.U., en concreto en San Agustín, en el estado de Florida, la ciudad, por cierto, más antigua del país, fundada por los españoles en el siglo XVI. Se trata de un obelisco de color blanco, situado en la plaza también llamada de la Constitución, que tiene la particularidad de ser contemporáneo a ella, del año 1813, como reza en una inscripción, colocada en su parte inferior:
«Plaza de la Constitucion. Promulgada en esta Ciudad de San Agustin de la Florida Oriental en 17 de Octubre de 1812 siendo Gobernador el Brigadier Don Sebastian Kindelan Caballero del Orden de Santiago». Y la inscripción concluye: «Para eterna memoria El Ayuntamiento Constitucional erigio este Obelisco dirigido por Don Fernando de la Maza Arredondo el joven Regidor Decano y Don Francisco Robira Procurador Sindico. Año de 1813».
Hay que tener en cuenta que en aquella época, Florida y otros territorios del sur de los actuales E.E.U.U. formaban parte del imperio español, siendo el único caso en que se ha conservado un monumento de la época conmemorando la Constitución gaditana, cumpliendo, de esta manera, un decreto dictado al efecto: "Las Cortes generales y extraordinarias queriendo fixar por todos los medios posibles en la memoria de los españoles la feliz época de la promulgación de la Constitución política de la monarquía, decretan: que la plaza principal de todos los pueblos de las Españas, en la que se celebre ó se haya celebrado ya este acto solemne, sea denominada en lo sucesivo plaza de la Constitución, y que se exprese así en una lápida erigida en la misma al indicado objeto" (Fuente del decreto: Wikipedia).
En el mismo año de 1.812 se proyectó en Cádiz la construcción de un monumento dedicado a la Carta Magna gaditana, que no se llegó a ejecutar, teniendo que esperar la ciudad un siglo para verlo hecho realidad.
Detalle del obelisco con inscripción conmemorativa (Imagen: abc.es)

sábado, 27 de febrero de 2016

El Acueducto romano de Gades

Acueducto romano de Gades, expuesto en la
plaza de Asdrúbal de la capital gaditana
De todos los pueblos de la Antigüedad, los romanos fueron los grandes constructores de obras públicas: calzadas, puentes, acueductos, teatros, anfiteatros, termas, templos y otros edificios, muchos de los cuales han llegado hasta nuestros días en buen estado de conservación, algunos, incluso, en uso aún, a pesar del tiempo transcurrido. De estas construcciones, los acueductos eran una de las más complejas por las dificultades técnicas que planteaba el suministro de agua a las ciudades.
Cádiz, durante su etapa fenicia (Gadir), se abastecía con el agua procedente de fuentes, pozos y cisternas. A partir de la ocupación romana, el crecimiento de la población hizo necesario buscar otros sistemas de abastecimiento que evitaran la escasez de agua. Así, surgió la idea de construir un acueducto que trajese el preciado liquido desde alguno de los abundantes manantiales que surcaban la serranía gaditana.
El acueducto romano de Cádiz (Gades) fue, sin lugar a dudas, una de esas grandes obras públicas, del que, desgraciadamente, apenas quedan unos cuantos restos, mandado construir en el siglo I a.C por el gaditano Lucio Cornelio Balbo el Menor, promotor del desarrollo urbanístico de Gades y de la construcción de otros importantes edificios, aunque estudios más recientes datan el acueducto un siglo después.
Los bloques de piedra fueron perforados en su centro,
formando una tubería, ensamblándose unos con otros
Construido para abastecer a la urbe gaditana con el agua procedente de los manantiales del Tempul, situado en la Sierra de las Cabras, próximo a San José del Valle, sería uno de los más largos, no solo de Hispania, sino de todo el Imperio romano, con un longitud aproximada de unos 75 kilómetros. Para traer el agua desde tan lejos, los ingenieros romanos idearon distintos sistemas de conducción, como túneles, galerías subterráneas, sifones, atanores o tubos de piedra y arquerías, a modo de puentes, que permitieran salvar los numerosos accidentes y desniveles del terreno habidos a lo largo de su recorrido (montes, ríos, valles, marismas y otras formaciones del relieve), hasta llegar a Gades, que, no olvidemos, era una isla en aquella época, con lo cual el acueducto tenía que introducirse dentro del mar. Ya en la isla gaditana, discurría en su último tramo por la playa, paralelo a la calzada romana, hasta desembocar en unos grandes depósitos de agua (castellum aquae) existentes en la zona que hoy ocupa el monumento de las Puertas de Tierra y baluarte de San Roque, desde donde se distribuiría el agua por el caserío gaditano.
Otra vista del acueducto gaditano
En la plaza de Asdrúbal de Cádiz se conserva un tramo del acueducto (procedente de la playa de Cortadura, donde hasta hace algunos años aún podían verse los bloques dispersos en la arena por las mareas), consistente en bloques de piedra ostionera, perforados en su centro formando una tubería de unos veinticinco centímetros de diámetro, en torno de la cual hay un borde a un lado del bloque y un rebaje al otro, para poder ensamblar unos con otros mediante el sistema de macho y hembra, ofreciendo así gran resistencia a la presión del agua. Varios tramos similares a éste se conservan también en el término municipal de Puerto Real, quedando muy pocos restos en otros puntos de su antiguo recorrido.
Un autor árabe de los siglos XVI y XVII, al-Maqqarí, nos da una descripción del acueducto: "Lo trajeron por el fondo del mar, en piedras horadadas en forma de macho y hembra. Cruzaron así los montes y, al llegar a los sitios bajos, edificaron unos puentes sobre arquerías. Atravesándolos así, y alcanzada la tierra mediana, volvían a la construcción mencionada, y cuando topaban con un terreno pantanoso construían una calzada sobre la que corría el agua. Así, hasta alcanzar el mar, en el que después entraba, para salir en la isla de Cádiz".
En este texto se describe cómo consiguieron salvar el obstáculo del mar, quizás uno de los más complicados, sumergiendo los bloques de piedra en el fondo marino hasta alcanzar la isla gaditana.
Mapa de la provincia de Cádiz, con el recorrido del
acueducto en línea discontinua
Historiadores locales como Agustín de Horozco, a finales del s. XVI, y Suárez de Salazar, en el siglo XVII, también hacen referencia al acueducto en sus obras, citando éste último los nombres de los lugares por donde discurría desde la fuente del Tempul: los Arquillos, término de Jerez, Mesas de Bolaños, villa de Puerto Real, venta del Arrecife, Puente de Suazo, castillo de la Isla de León, almadraba de Hércules, la playa del mar del sur y Puerta del Muro o de Tierra, en Cádiz.
En el siglo XVIII, el gobernador de Cádiz, Conde de O,Reilly, se propuso restaurarlo para abastecer de agua a la ciudad, encargando informes que estudiaran su viabilidad, pero su cese como gobernador impidió que se llevara a cabo el proyecto. Este hecho da idea del buen hacer de los constructores e ingenieros romanos, al plantearse de nuevo su utilización tantos siglos después.