martes, 29 de noviembre de 2016

El edificio Valcárcel

Edificio Valcárcel
Valcárcel es uno de los monumentos principales de Cádiz. Edificio de enormes proporciones, construido por Torcuato Cayón en la segunda mitad del siglo XVIII, mezcla de estilos barroco y neoclásico, típicos de Cádiz, situado frente a la playa de la Caleta, fue el antiguo Hospicio Provincial, donde se alojaban huérfanos, viudas y ancianos, y que también ha sido manicomio y centro de enseñanza. La fachada principal, de marcada horizontalidad y sobriedad, se articula mediante pilastras, destacando como elementos decorativos las molduras barrocas de los vanos inferiores. La portada, de  mármol, se compone de arco de medio punto entre dos columnas dóricas y entablamento clásico. Del interior, sobresale el patio central, con la fachada de estilo neoclásico de una iglesia que no llegó a construirse, que recuerda el patio de los Reyes del Monasterio de El Escorial, en Madrid. En la segunda mitad del siglo XIX, Juan de la Vega amplia el edificio con un nuevo cuerpo que continua el mismo esquema compositivo, siendo en la actualidad sede de la Facultad de Ciencias del Trabajo.
Estos días pasados la Diputación ha vuelto a hacerse con la titularidad del edificio, tras varios años de abandono, fracasado en su día un proyecto para transformarlo en hotel, con idea de cederlo a la Universidad de Cádiz para convertirlo en la nueva Facultad de Ciencias de la Educación, actualmente en el Campus del Río San Pedro. El uso hostelero tampoco se ha abandonado, pues a su lado se va a construir un hotel de cuatro estrellas.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Las Murallas de Cádiz

Murallas de San Carlos. En primer plano garita, uno de los
elementos característicos de las murallas gaditanas
Las murallas son uno de los elementos arquitectónicos más característicos de Cádiz, aunque en menor medida de lo que lo fue en el pasado, debido al derribo de una parte importante de ellas hace más de un siglo. Los visitantes que durante los siglos XVIII y XIX se acercaban a la ciudad por mar o por tierra se llevaban la imagen de una ciudad fuertemente amurallada, una plaza fuerte realmente inexpugnable, que se completaba con su correspondiente artilleria de cañones y personal militar de guardia.
En la espléndida Maqueta de Cádiz, del siglo XVIII, conservada en el Museo de las Cortes de Cádiz, podemos apreciar perfectamente cómo era la ciudad en esa época.
Murallas de la Alameda. Al fondo, el baluarte de la
Candelaria
Pero no siempre fue así.  En los años finales de la edad media, la villa medieval, desbordada por el crecimiento de la población, con nuevos arrabales que se extendían más allá de sus murallas, quedaba expuesta a cualquier ataque procedente del mar.
Poco a poco, se fueron amurallando otras zonas, como la Puerta del Muro (actual Puertas de Tierra) o la zona del puerto, teniendo por el lado del sur la protección natural de los acantilados. La vulnerabilidad de Cádiz quedó claramente de manifiesto un aciago día de 1.596, cuando una escuadra anglo-holandesa, al mando del Conde de Essex, saqueó la ciudad, arrasándola e incendiándola casi por completo. Fue tal la destrucción causada que a punto estuvo la ciudad de ser abandonada y su población trasladada a los pueblos de alrededor. Afortunadamente, se decidió conservarla y amurallarla de una forma más eficaz.
Murallas de Puertas de Tierra desde el foso
Desde finales del siglo XVI y hasta el XVIII, se fue fortificando todo el perímetro urbano. Junto a las murallas, se construyeron los castillos de Santa Catalina y San Sebastián y distintos baluartes repartidos a lo largo del mismo, como los baluartes de Santiago, de la Candelaria, del Bonete, del Orejón, de los Mártires, de Capuchinos, de San Roque y de Santa Elena, así como la batería de San Felipe, habiendo desaparecido otros con el derribo de las murallas que daban al muelle a principios del siglo pasado. A ello habría que sumar las monumentales puertas de acceso a la ciudad, como la Puertas de Tierra, del Mar, de Sevilla, de San Carlos y de la Caleta, de las que, por desgracia, solo se conservan ésta última y la de Tierra, pues la actual de San Carlos no es la original.
Las defensas gaditanas se completaban con los glacis de Puertas de Tierra, un conjunto fortificado situado frente a ella, tras el foso, que dificultaban el acceso, siguendo el sistema defensivo del ingeniero militar francés Vauvan, y las galerías subterráneas conocidas popularmente como Cuevas de María Moco, consistentes en un conjunto de túneles subterráneos, minas y contraminas que discurrían por debajo de esta zona de la ciudad, construidas para refugio o para una posible huida ante hipotéticos asaltos enemigos, pero que fueron utlizadas, sobre todo, para otras prácticas, como el contrabando.
Tramo de muralla entre los baluartes de Capuchinos y de los
Mártires, en el Campo del Sur. Bloques de hormigón para
combatir la acción del mar, rompiendo la estética del lugar
La muralla del Campo del Sur o del Vendaval, levantada sobre los acantilados existentes en esta zona, los cuales durante mucho tiempo actuaron como muralla natural,  fue el tramo más problemático en su construcción, debido a los continuos embates del mar, que provocaba frecuentes derrumbes y socavones, con lo que a lo largo del siglo XVIII se tuvo que reforzar varias veces la  muralla. A mediados del siglo pasado se optó por solucionar este problema colocando bloques de hormigón, ocultando la muralla y dañando gravemente la estética del lugar (ver el artículo La Muralla Escondida), cambiando también la fisonomía del tramo comprendido entre el Colegio de la Mirandilla y el baluarte de San Roque.
En la zona de extramuros (Puertatierra) había también varios puntos defensivos que defendían la ciudad por la parte de la Bahía. Concretamente, la batería del Romano, desaparecida en la actualidad, y las baterías de la Primera y Segunda Aguadas, situadas ambas, respectivamente, en el colegio Villoslada y en la Plaza de Santa Ana, entonces línea de costa. De toda esta zona, el enclave más importune era el castillo de San Lorenzo del Puntal, junto al actual barrio de Puntales, que defendía el interior de la Bahía y que llegó a tener gran protagonismo durante la invasión francesa de 1.808.
Cañones en las murallas de San Carlos, encontrados durante
las obras de ampliación del parking subterráneo de Canalejas
El fuerte de la Cortadura fue la última fortificación construída en Cádiz, que se levantó en esa fecha para proteger el único acceso terrestre a Cádiz e impedir el paso de las tropas napoleónicas, algo que no llegó a suceder pues éstas no lograron pasar de San Fernando.
Por último, decir que las murallas gaditanas han sido protagonista de las letras de algunas coplas famosas y palos flamencos que las cantaban, como aquella de:
"Son de piedra y no se notan, las murallitas de Cádiz, son de piedra no se notan, "pa" que en ellas los franceses se rompan la cabezota. Con las bombas que tiran los fanfarrones, se hacen las gaditanas tirabuzones...".

Vista de Cádiz del siglo XVII, con parte de sus murallas


Maqueta de Cádiz. 1.777. En primer término, los glacis de Puerta  Tierra.
. Museo de las Cortes de Cádiz