viernes, 25 de julio de 2014

Las curiosas esquinas gaditanas

Cañón y guardacantón de fundición en una
esquina del casco antiguo gaditano
Si hay algo curioso del casco antiguo gaditano son las esquinas de las casas y calles de Cádiz, más en concreto los elementos que las protegen, conocidos como guardacantones o, simplemente, guardaesquinas. En algunas localidades, esta función la cumplen postes o antiguas columnas de piedra o mármol, para evitar su deterioro, pero en Cádiz la particularidad radica en que muchos guardacantones son cañones de artillería de los siglos XVII y XVIII que, tras dejar de ser útiles como armas de guerra, procedentes de las murallas y baluartes gaditanos y de navíos de guerra hundidos o naufragados en combates navales ocurridos en estas aguas, fueron reciclados y colocados en las esquinas para protegerlas de las ruedas de los carros y carruajes que transitaban por las calles.
Cañón con bala en la boca

Gracias a esto, hoy podemos apreciar estos peculiares elementos arquitectónicos, que en otro tiempo defendieron a nuestros antepasados de los ataques enemigos y que, posteriormente, pasaron a defender las esquinas de la ciudad, labor, desde luego, muchos más pacífica que la guerrera para la que fueron fundidos, cañones que, de otro modo, se habrían perdido casi con toda seguridad. Constituyen, pues, uno de los aspectos más característicos y llamativos del urbanismo gaditano.
Cañon hincado boca abajo mostrando la culata
Como curiosidad, varios de estos cañones presentan en su boca la bala o bomba, mientras que otros están enterrados boca abajo, mostrando, así, la culata o parte posterior de los mismos.

Muchas esquinas presentan, igualmente, guardacantones de fundición, colocados en los siglos XIX y XX, teniendo grabados algunos la marca del fabricante (como Fundición Gaviño) y la fecha de fabricación. También hay postes de piedra cubriendo las esquinas.

En cuanto al número de estos esquinales, según un estudio realizado, hay 114 cañones, 151 guardacantones de fundición y 26 postes (*).
Cañones en dos esquinas próximas
Cañones, guardacantones de fundición, monolitos de piedra y columnas constituyen, sin lugar a dudas, un elemento característico del patrimonio urbanístico gaditano, desconocido en muchos casos, que hay que proteger y conservar, pero que, desgraciadamente, no siempre es así, como ha ocurrido más de una vez en las reformas llevadas a cabo en algunas casas antiguas, en que han llegado a desaparecer durante las obras.
(*) "Guardacantones de Cádiz, cañones y esquinales", de Antonio Ramos Gil.

martes, 8 de julio de 2014

La primera derrota de Napoleón

Vista de la Bahía de Cádiz hacia 1813. La batalla tuvo lugar en el interior
de la Bahía, cerca de La Carraca
Entre los días 9 y 14 de junio de 1808 tuvo lugar en aguas de la bahía de Cádiz la primera derrota de las fuerzas napoleónicas en la guerra de Independencia española, un episodio histórico poco conocido y que no suele figurar en los libros de historia, ocupando este lugar la batalla de Bailén, sucedida un mes más tarde, en donde el general Castaños derrotó al general francés Dupont, siendo conducido, por cierto, con el resto de su ejército a la capital gaditana y recluido en el castillo de San Sebastián.
En la batalla de la Poza de Santa Isabel, que es como se conoce este hecho de armas, por el lugar donde se hallaba fondeada la escuadra francesa, frente a La Carraca, se enfrentaron los antiguos aliados franceses y españoles, al mando, respectivamente, de los almirantes Rosilly y Juan Ruiz de Apodaca, como consecuencia de la invasión napoleónica de España, que obligaba a las autoridades gaditanas a exigirle la rendición o, en caso contrario, a declararle la guerra. La escuadra se hallaba en dicho lugar desde la derrota franco-española de Trafalgar ante los ingleses, en octubre de 1805. El objetivo del general Dupont era, precisamente, llegar a Cádiz para socorrer a los navíos franceses.
Ante la tardanza en proceder a dicha declaración a unas fuerzas navales enemigas instaladas en el mismo corazón de la bahía, el pueblo gaditano se rebeló, apresando y asesinando al gobernador de Cádiz, el general Solano, al que tildaban de afrancesado y responsabilizaban de retrasar el ataque. El nuevo gobernador, general Morla, dio la orden de ataque, ante la negativa del almirante Rosily de rendirse. Debido a dificultades de maniobrabilidad de los navíos españoles en un espacio tan limitado como es la bahía gaditana, se optó por el ataque con fuerzas sutiles, compuesta de botes y lanchas cañoneras, las cuales, por su mayor maniobrabilidad y rapidez al usar remos, podían causar mayor daño en los navíos franceses. Al mismo tiempo, se reforzaron las baterías de la Cantera y del Arsenal de la Carraca, en San Fernando, del Trocadero, en Puerto Real, y del castillo de Puntales, en Cádiz, para apoyar con fuego terrestre a las fuerzas navales españolas. La flota inglesa, por su parte, aliada ahora de España, bloqueaba la salida de la bahía.
Se puede ver la Poza de Santa Isabel en el centro de la
fotografía, de forma circular. En este lugar estaba fondeada
la escuadra francesa y se produjo la batalla. Al fondo Cádiz
El almirante francés, que esperaba la llegada de refuerzos por tierra, tuvo que rendirse finalmente, ante la imposibilidad de mantener su situación por más tiempo. Las bajas no fueron numerosas, ascendiendo a una veintena de muertos y unos cien heridos entre ambos bandos, pero sí fue elevado el número de prisioneros franceses capturados, alrededor de 3.700. La Armada española se apropió de los buques franceses, cuyos nombres eran: Neptuno, Heros, Plutón, Algeciras y Argonauta, resarciéndose de alguna manera de las graves pérdidas sufridas en la batalla de Trafalgar, provocada por la incompetencia del mando francés.