viernes, 7 de octubre de 2016

Un Museo al aire libre


Tumbas de inhumación. El cadáver se depositaba en un
 sarcófago de madera en el interior de las cistas de sillares,
con su correspondiente ajuar. Época fenicio-púnica,
 ss.. V-IV a.C.
En los parques Erytheia y Kotinoussa (nombres antiguos de las islas gaditanas), más conocido como jardines de Varela, en la avenida de Andalucía, se expone desde hace unos años una muestra de la necrópolis de Cádiz, como un  museo al aire libre, con restos de enterramientos fenicios, púnicos y romanos encontrados en la zona en las obras realizadas allí durante la transformación de los antiguos cuarteles militares de Varela en zona urbana en la últimas décadas. Así, podemos contemplar diversas tumbas de inhumación e incineración ubicadas en distintos parterres del parque Kotinoussa, que abarcan desde el siglo V a. de C. al II d. C., lo que nos permite conocer la evolución de las prácticas y costumbres funerarias de los antiguos gaditanos en ese período de tiempo, visita que se puede realizar a modo de circuito didáctico, con paneles informativos junto a cada resto. Además de las tumbas, hay expuestas varias estelas funerarias, con la inscripción del nombre del fallecido, que servían para señalizar cada enterramiento. Hay también una reproducción de la Dama de Cádiz, el sarcófago antropoide femenino de mármol que se encuentra en el Museo Arqueológico de la ciudad, junto con el sarcófago masculino, protegido por cistas de sillares de piedra ostionera, tal y como se encontraba en el momento de su descubrimiento en la cercana calle Parlamento, en el año 1.980. Igualmente, se expone en el parque una cisterna romana encontrada en el yacimiento Gadir, en la calle San Miguel, bajo el Teatro de la Tía Norica, perteneciente a una antigua factoría de salazón.
Tumba incineración, con urna en el interior conteniendo
las cenizas del difunto. Se acompañaba de ajuar.
Época romana, ss.. I-II d.C.
En el contiguo parque de Erytheia se encuentran los restos de una villa romana descubierta hace varios años durante las obras del parking subterráneo allí existente y que fue trasladada a este sitio desde su lugar original, situado bajo el solar contiguo que ocupa el restaurante Lumen. Un traslado no exento de polémica en su momento.
Este circuito arqueológico por la historia antigua de la ciudad se completa en la cercana plaza de Asdrúbal con los restos del acueducto romano, del que ya hablamos en un artículo anterior, y que desde hace un tiempo esperan ser trasladados al parque de Varela, en donde un panel informa sobre el mismo, aunque el acueducto aún no ha sido colocado en su nueva ubicación.


Reproducción del sarcófago antropoide femenino expuesto en el museo de
de Cádiz, en el interior de cistas de sillares, tal como se encontró en la
cercana calle Parlamento en 1.980. Época fenicia. S. V a.C.
 
Algunos enterramientos de inhumación se tapaban con tejas de diferentes
formas, cubriéndose el conjunto con arena, encima de la cual se colocaba
una estela funeraria. Época romana, ss. I-II d.C.
 
Cisterna romana encontrada en el solar del Teatro de la Tía Norica,
probablemente perteneciente a una factoría de salazón
 
Vista del parque Kotinoussa, donde se encuentran los restos de la necrópolis
gaditana
 
Villa romana del Parque Erytheia

Acueducto romano, situado en la Plaza de Asdrúbal
 
Panel informando del acueducto romano en el
Parque de Varela, aunque éste aún sigue en su
emplazamiento original en la Plaza Asdrúbal
 

martes, 23 de agosto de 2016

La explosión que devastó la ciudad

En la historia de Cádiz hay tres fechas luctuosas que la han marcado profundamente: el saqueo anglo-holandés de 1.596, el maremoto de 1.755 y la explosión de 1.947, con un trágico balance en todas ellas de muerte y destrucción.
Minas antisubmarinas que no llegaron a explosionar
El pasado 18 de agosto se conmemoraba este último acontecimiento con motivo de su aniversario. A las diez menos cuarto de la noche del lunes 18 de agosto de 1.947 una enorme explosión alteraba trágicamente la vida de la ciudad, sumiéndola en la confusión y el caos. Al principio, se desconocía qué la había provocado, pero pronto se supo que había estallado un depósito de minas antisubmarinas y cargas de profundidad, procedentes de la Guerra Civil Española, depositadas en un almacén de la Armada de la Base de Defensas Submarinas, situada en el barrio de San Severiano. Este barrio, la barriada España, Bahía Blanca, los astilleros y una gran parte de extramuros habían quedado arrasados, entre ellos edificios importantes como la Casa Cuna, donde murieron un gran número de niños, y el Sanatorio Madre de Dios. Afortunadamente, el casco antiguo pudo salvarse gracias a las murallas de Puertas de Tierra, que contuvo la onda expansiva, aunque también sufrió importantes desperfectos en puertas y ventanas de muchos edificios, como las de la Catedral, que fueron arrancadas, y caída de cascotes. El suministro de agua y electricidad quedó cortado, así como las líneas telefónicas y la vía férrea. La rápida actuación del capitán de corbeta Pascual Pery Junquera y un grupo de marineros, que lograron sofocar el fuego en la zona, pudo evitar una segunda explosión en un almacén contiguo donde había depositadas más bombas, ante cuya posibilidad muchos gaditanos se refugiaron en la playa como lugar más seguro.
Los heridos fueron trasladados a hospitales de Cádiz, San Fernando y Jerez y pronto empezaron a llegar los primeros auxilios procedentes de la provincia, así como de otros lugares de Andalucía. La explosión fue de tal calibre que el fogonazo y posterior columna de humo pudo verse, incluso, desde lugares tan alejados como Ceuta, Sevilla o Huelva.
Imagen del estado en que quedó el barrio de San Severiano, el
más afectado por la explosión
Las causas de la explosión siempre han estado rodeadas de polémica. Se habló del mal estado de las minas y del intenso calor de esa jornada, pero a día de hoy no se sabe con certeza si fue un accidente, un sabotaje o un atentado terrorista. Sí hubo una clara responsabilidad por parte de las autoridades, al permitir la existencia de esa gran cantidad de explosivos almacenados en una zona urbana durante varios años, en vez de haberlo trasladado a una zona despoblada, como habría sido lo lógico, con el peligro para la población que ello representaba, pero no se llegaron a depurar responsabilidades, aunque algunos mandos de la Armada ya habían alertado de los riesgos.
Oficialmente, el número de víctimas fueron de 155 muertos y más de cinco mil heridos, aunque es de suponer que, dada la magnitud del siniestro, con barrios enteros devastados, los fallecidos fueran muchos más. Este hecho, lógicamente, no favorecía la imagen del gobierno de Franco y de España, en una época difícil para el país como era la postguerra, de penuria económica y aislamiento internacional, por lo que se trataría de minimizar, en lo posible, el número de personas fallecidas. La prensa nacional e internacional se hizo amplio eco de la noticia. Pero varios días después, la muerte de Manolete en la plaza de toros de Linares desviaría la atención pública de la catástrofe de Cádiz, haciéndola olvidar, prácticamente, en el resto de España.
En la plaza de San Severiano, frente al Instituto Hidrográfico, se levanta desde hace algunos años un monolito en recuerdo de las víctimas de la explosión.

Vista aérea de la zona afectada
Otra imagen tras la explosión



Monolito en recuerdo de las víctimas de la explosión,
a escasa distancia del lugar donde tuvo lugar la misma

martes, 16 de agosto de 2016

Otra celebración para la historia: las barbacoas del Trofeo

Últimas barbacoas del Trofeo
Como ya ocurriera en su día con otras celebraciones del pasado siglo, como la Velada de los Ángeles, fiesta veraniega de Cádiz, las carreras de motos o de caballos que tenían lugar en la playa Victoria, las corridas en la antigua plaza de toros, los festivales de verano del Teatro José Mª Pemán o el festival aéreo en la misma playa, todas las cuales terminaron por causas diversas por desaparecer, este fin de semana se ponía punto y final a una celebración que, desde los años ochenta, había dado un carácter multitudinario al acontecimiento deportivo del Trofeo Carranza.
Las barbacoas del Trofeo eran la fiesta por excelencia del verano gaditano, aunque solo durase una noche, poniendo un broche lúdico y festivo al considerado tradicionalmente Trofeo de Trofeos, un tanto devaluado, dicho sea de paso, en los últimos años, quizá debido al propio declive del equipo cadista, perdido varias temporadas en la Segunda B. Una barbacoa que, en sus mejores años, llegaba a congregar en las playas a cientos de miles de personas entre gaditanos y visitantes, hecho que le valió figurar en el Libro Guiness de Records, como la mayor barbacoa del mundo, algo realmente digno de ver por su gran ambiente, con familias enteras o grupos de amigos alrededor del fuego de las numerosas barbacoas, mientras que el humo y el olor a carne o pescado asados impregnaba todo el paseo marítimo, y en la que también se manifestaba la originalidad propia de los gaditanos a la hora de preparar su parcela de playa, en la que, incluso, no llegaba a faltar algún que otro mueble.
Pero las toneladas de basura acumulada, retirada eficientemente por los servicios de limpieza al final de las mismas, y el deterioro medioambiental de la playa por tan enorme concentración de personas, fueron acotando cada vez más el espacio permitido para las barbacoas, hasta dejarlo en su mínima expresión de este sábado, convirtiéndose así en el epílogo de esta celebración arraigada en la ciudad, otra más que ya forma parte de la historia de Cádiz.
 
Vista general de la playa Victoria en una de las barbacoas de los últimos años
 

jueves, 28 de julio de 2016

La Gran Regata de 2.016

Imágenes de la Gran Regata de 2.006
Hoy jueves 28 de julio y hasta el domingo 31 va a tener lugar en Cádiz la Regata de Grandes Veleros, sin duda alguna el acontecimiento deportivo más importante de los celebrados en la ciudad.
Numerosos veleros de diferentes países hacen escala en el puerto gaditano, dentro de un periplo que incluye a otros puertos europeos, constituyendo un espectáculo digno de ver. Una concentración de grandes y vistosos veleros que van a convertir por unos días al puerto de Cádiz en un auténtico bosque de mástiles y jarcias, haciendo rememorar otras épocas de su pasado marítimo. Diversas actividades lúdicas y culturales van a amenizar la estancia de todas aquellas personas que se acerquen a disfrutar del espectáculo, entre ellas actuaciones musicales, pasacalles y recreaciones históricas, en las que también participa la Universidad de Cádiz con talleres y exposiciones relacionadas con el mar en las carpas instaladas en el muelle.
Esta es la quinta regata de grandes veleros que se celebra en Cádiz, desde aquella primera Gran Regata Colón de 1992, así llamada con motivo del quinto centenario del Descubrimiento de América, la primera y más espectacular de todas, en la que hubo un mayor número de veleros participantes. A ésta le siguieron las de los años 2.000, 2.006 y 2.012, habiéndose convertido ya en una tradición y una atracción turística de la ciudad este importante evento marítimo internacional.
En el siguiente enlace podéis encontrar más información:  http://regatacadiz2016.es/



 

martes, 31 de mayo de 2016

La última de las grandes catedrales españolas

Fachada principal de la Catedral gaditana, destacando la
portada central, con el gran arco abocinado y frontón
triangular coronándola
La de Cádiz está considerada como la última de las grandes catedrales españolas, al ser la de construcción más tardía. Ésta se inició en el año 1.722, prolongándose los trabajos durante más de un siglo, debido a las dificultades económicas que fueron surgiendo a lo largo de este período. En 1.838, la Catedral Nueva, finalmente,  era consagrada  por el obispo Domingo de Silos Moreno, cuya estatua se alza a un lado de la catedral, habiendo aún algunas actuaciones posteriores. De ahí que haya quedado como una expresión típica gaditana la de que "está durando más que las obras de la catedral",  cuando algo se está retrasando más de la cuenta.
En la sociedad gaditana de la época existía el deseo de construir una gran catedral acorde con el esplendor comercial de la ciudad, a raíz, sobre todo, del traslado de la Casa de Contratación desde Sevilla a Cádiz en 1.717, que sustituyese al anterior templo catedralicio, la Catedral Vieja o iglesia de Santa Cruz, edificio de modestas dimensiones. Las obras, en su conjunto, fueron financiadas gracias al próspero comercio gaditano.
La Catedral destacando sobre el conjunto del caserío gaditano
Este largo período constructivo hizo que se sucedieran distintos estilos arquitectónicos en su construcción (barroco, rococó, neoclásico), integrados en el conjunto de forma armónica, siendo éste un rasgo característico de la catedral gaditana. Vicente Acero fue el arquitecto encargado de su construcción, ideando un gran edificio barroco que recoge influencias de la catedral de Granada y de la arquitectura barroca italiana. Acero fue sustituido años después por Gaspar Cayón, y éste, a su vez, lo fue por su sobrino Torcuato Cayón, otro de los grandes constructores de Cádiz, sustituyéndole más tarde Miguel de Olivares. Los arquitectos Manuel Machuca y Juan Daura culminaron las obras, ya en el siglo XIX, en estilo neoclásico, como se observa en las partes altas del edificio: torres, cúpula y remate de la fachada, modificando de esta forma el proyecto original.
Interior de la Catedral
Del exterior, destaca la fachada principal, de movidas formas, como se aprecia en la sucesión de líneas cóncavas y convexas, de clara influencia italiana. Está dividida en tres portadas, estando la central realizada en mármol, con dos cuerpos superpuestos, enmarcados por columnas corintias y las figuras de San Servando y San Germán, patronos de Cádiz. Un gran arco abocinado y un frontón triangular entre ambas torres rematan el conjunto.
Tiene planta de cruz latina, la cual se encuentra reproducida en el pavimento de la plaza de la Catedral, con tres naves, crucero, girola y capillas laterales. El interior es de gran riqueza decorativa, recubierto todo él de mármoles y jaspes, destacando la cúpula semiesférica sobre tambor en el crucero, obra de Juan Daura, y el templete de mármol y bronce situado en el presbiterio, de la segunda mitad del siglo XIX, de Juan de la Vega. Destaca también el coro con su sillería, así como un importante conjunto de pinturas y esculturas distribuidas por sus capillas, de importantes autores barrocos como Luisa Roldán, Ignacio Vergara, el italiano Esteban Frucos o el contemporáneo Mariano Benlliure, entre otros. En su interior se conserva también la custodia procesional de plata del Corpus Christi, del siglo XVI, obra de Enrique de Arfe.
En la cripta, situada bajo el altar mayor, se encuentran enterrados los gaditanos Manuel de Falla y José María Pemán, junto a obispos de la diócesis de Cádiz. Como curiosidad, esta cripta se halla situada bajo el nivel del mar, escuchándose los días de fuerte oleaje el batir de las olas contra la muralla .
La catedral sufre el llamado mal de la piedra, debido a la humedad de la zona, que afecta sobre todo a las cubiertas, razón por la cual hay colocada una red en altura para evitar que caigan al suelo fragmentos de las mismas.
El Museo Catedralicio, que guarda un rico patrimonio artístico, se encuentra situado en la Casa de la Contaduría, en la plaza de Fray Félix, junto a la iglesia de Santa Cruz.

Detalle de la fachada. Se aprecian las formas cóncavas y
 convexas de la cornisa
Detalle de la Catedral de la maqueta de Cádiz,
del año 1.777, que se conserva en el Museo de
de Las Cortes. Obsérvese las torres y la cúpula
central, realizadas según el proyecto original