lunes, 26 de octubre de 2015

El nuevo icono de Cádiz


El Puente de la Constitución de 1812, proyectado por el
arquitecto Javier Manterola, es el segundo mas alto del
mundo, con 70 metros de altura.

Se ha cumplido un mes de la inauguración oficial y apertura al tráfico del Puente de la Constitución de 1812 el 24 de septiembre, acto al que asistieron las máximas autoridades nacionales, regionales y locales. Curiosamente, fue el mismo día en que hace doscientos cinco años se inauguraban en la vecina San Fernando, antigua Isla de León, las Cortes Generales y Extraordinarias de 1810, las cuales, trasladadas meses después a Cádiz, darían lugar a la Constitución de 1812, nombre con el que ha sido bautizado el nuevo puente, también conocido como Puente de La Pepa. Su construcción y su apertura al tráfico es, sin lugar a dudas, el acontecimiento más importante ocurrido Cádiz y su bahía en los últimos tiempos, tras varios años de retraso en las obras por cuestiones presupuestarias, que imposibilitaron su inauguración en 2012 como estaba previsto inicialmente, con motivo del Bicentenario de la Constitución gaditana. Convertido en el nuevo icono de Cádiz, por su espectacularidad y gran tamaño es visible desde cualquier punto de la bahía, incluso del interior de la provincia, cuyas medidas lo hacen equiparable a los mayores puentes del mundo, destacando su gran altura y los llamativos tirantes que sostienen la estructura central (sus medidas y otros datos técnicos se pueden consultar en www.elpuentedecadiz.es). Icono que se suma a otros tan añejos como el Vaporcito del Puerto, las Torres del tendido eléctrico de Cádiz, el Juan Sebastián de Elcano, el mismo Puente Carranza, empequeñecido ahora a su lado, o el más reciente del Pirulí de Telefónica.
Las torres que sostienen los tirantes
miden 185 metros cada una de ellas

Su imponente silueta ya forma parte del paisaje gaditano y es casi seguro que se convertirá en la nueva imagen de Cádiz en el exterior, que hará reconocible a esta bahía en el resto de España y, posiblemente, de otros lugares del mundo. En fin, esperemos que esta gran infraestructura viaria sirva para relanzar este rincón un tanto olvidado de la geografía española.

miércoles, 15 de julio de 2015

El Faro de Cádiz

Dibujo representando el faro existente
en Cádiz en la Antigüedad
Uno de los aspectos más sugestivos de la historia de Cádiz es el del faro, no del actual, sino del existente en la Antigüedad, el que durante siglos sirvió  para guiar las embarcaciones fenicias, púnicas y romanas que llegaban a estas islas del lejano Occidente en que entonces era Cádiz. Se sabe qué forma tenía gracias a una pintura mural aparecida en la factoría romana de salazón de la calle Sacramento, hallada en el antiguo solar del Teatro Andalucía, que alguien dibujó allí hace dos mil años, en donde se puede apreciar perfectamente la forma escalonada que poseía. Hay que suponer su ubicación en el mismo lugar o en las inmediaciones del actual faro, pues ahí se encontraba la entrada del Canal bahía-caleta que en aquella época dividía en dos la ciudad, al que ya hice referencia en un artículo anterior,  en cuya mitad estaría ubicado el puerto fenicio, primero, y romano, después.
 
Reconstrucción del antiguo faro
gaditano en una rotonda de Cádiz
Podemos hacernos una idea de su forma gracias a una reproducción realizada del mismo colocada en la rotonda del Mercadona, junto al barrio de Puntales de la capital gaditana.
Es importante no confundir este faro con la famosa Torre de Hércules que describen los autores árabes medievales, que estaría situada en la zona de Torregorda, y que también pudo servir como punto de referencia para los navegantes que cruzaban por estas aguas, entre otras razones porque, más que faro, esta construcción debió tratarse de un edificio conmemorativo romano en honor de Hércules, el mítico fundador de Cádiz, como reza en su escudo, y que también estaba construido a base de cuerpos superpuestos, coronándolo una estatua dorada con su imagen.
Faro en un grabado del siglo XIX
Con el paso de los siglos, un nuevo faro sustituyó a éste aprovechando una torre almenara allí existente, de las muchas que por entonces había a lo largo de la costa gaditana. Empezó a ser conocido como faro de San Sebastián, nombre con el que también fue bautizado el castillo que se levantó posteriormente, por una ermita del mismo nombre que habían construido los venecianos en el siglo XV, como muestra de agradecimiento a los gaditanos por la ayuda que habían recibido a causa de un epidemia de peste de la que habían sido víctimas. Numerosos grabados antiguos de la ciudad nos muestran este faro, el cual se mantuvo en pie hasta finales del siglo XIX, en que  fue mandado destruir por el gobernador de Cádiz, duque de Nájera, durante la guerra de Cuba, para evitar que sirviese de referencia a la marina norteamericana en un hipotético ataque a Cádiz. Aún se conserva la base de este faro en el interior del castillo de San Sebastián.

Actual faro en el castillo de San Sebastián
En su lugar se levantó el faro metálico que en la actualidad sirve de luz y guía a los barcos  que navegan por estas aguas. Aunque sin poseer la belleza de sus predecesores, este faro forma parte indiscutible del paisaje arquitectónico gaditano.

jueves, 14 de mayo de 2015

La "Bella Escondida"

A la derecha de la imagen, la Bella Escondida, y a la
izquierda la Catedral
Si hay una construcción peculiar en Cádiz, es la conocida como Bella Escondida, nombre dado a una torre-mirador, de estilo barroco, que corona una casa-palacio gaditana del siglo XVIII, ubicada en la céntrica calle José del Toro, y a la que ya hice referencia en el anterior artículo titulado Las Torres-Miradores de Cádiz, cuyo poético nombre, dado por el historiador local Bartolomé Llompart hace algunos años, se debe a que no es visible desde la calle, siendo necesario para poder verla subir a cualquier azotea circundante. A diferencia del resto de torres-miradores, la Bella Escondida es de planta octogonal y de notable altura, estando su fachada profusamente decorada con pinturas de motivos geométricos y azulejos que le dan una tonalidad rojiza de gran vistosidad, además de con columnas y pilastras adosadas, que le aportan monumentalidad, y balcones en sus plantas. La casa-palacio de la que forma parte ha sido restaurada por su dueño actual, predominando el estilo isabelino en su decoración y conservando en su interior numerosas obras de arte y objetos de la época.

La Bella Escondida solo es visible
desde otras torres y azoteas gaditanas
Fue mandada construir en dicho siglo por el rico propietario de la vivienda para que pudiera ser contemplada por su hija, ingresada en el cercano convento de la Piedad, y mantener, así, el contacto con su casa y familia, aunque solo fuera el visual, ya que desde la torre se alcanza a ver parte del interior del convento y viceversa, lo cual no habría sido posible de haberse construido a ras de la fachada principal del edificio, como era lo habitual. La Bella Escondida no se construyó para observar desde ella los barcos que iban o venían de América, como las demás torres que pueblan las alturas de Cádiz, sino para ser observada, aunque no por todo el mundo.

Ahí se alza, pues, esta magnífica torre-mirador, esbelta y sugestiva, oculta a la mirada de la gente que transita por la calle, pero que espera ser descubierta desde otras torres y azoteas gaditanas.

viernes, 24 de abril de 2015

Las Torres-Miradores de Cádiz

Torres-Miradores en la Plaza de España
Las Torres-Miradores son, sin lugar a dudas, el elemento arquitectónico más característico y peculiar del urbanismo gaditano. Situadas en la azotea de las casas gaditanas, normalmente en uno de sus ángulos, como una prolongación de éstas, servían para que sus propietarios, los burgueses y comerciantes gaditanos, pudieran controlar las llegadas y salidas de sus navíos del puerto de Cádiz, en su comercio con las colonias de ultramar, ya que desde sus alturas podían contemplar toda la Bahía.
Fueron construidas entre los siglos XVII y XVIII, la época de mayor esplendor comercial de Cádiz, sobre todo a raíz del traslado de la Casa de Contratación desde Sevilla en 1717, cuando en ella residía una nutrida colonia de comerciantes de distintas nacionalidades. Realizadas en mampostería y ladrillo, tienen forma cuadrangular y una o dos plantas, rematadas en una garita y con sus fachadas policromadas. La más llamativa de todas es la conocida como Bella Escondida, que tiene planta octogonal, cuyo nombre se debe a que no es visible desde la calle. Pero la más alta y destacada es la Torre Tavira, vigía oficial del Puerto desde 1778, situada en la casa-palacio de los Marqueses de Recaño, así llamada por el nombre de su primer vigía, Antonio Tavira. En la actualidad, está abierta al público y alberga en su interior la Cámara Oscura, alcanzándose desde ella una vista impresionante de la ciudad de Cádiz.
Torre Tavira
Afortunadamente, se ha conservado un gran número de torres-miradores, habiendo catalogadas más de 120 torres, aunque algunas han quedado parcialmente ocultas a la vista por los altos edificios modernos. Su contemplación por los marinos y viajeros que llegaban a Cádiz por mar no pasaba desapercibida, como ponen de relieve las citas de los viajeros románticos que pasaron por la ciudad en el siglo XIX, destacando la belleza que daban al conjunto de la ciudad. A esta visión contribuía, sin duda, las banderas multicolores que las coronaban y las cometas que, a veces, echaban a volar sus dueños desde ellas. En el siglo XIX, desaparecida ya la pujanza comercial del puerto gaditano con la pérdida de las colonias americanas, surgió un nuevo modelo de miradores de madera y de cristal que ya no cumplían la función original de seguimiento y control del tráfico portuario. Convertidas, posteriormente, muchas de ellas en simples palomares o trasteros, en los últimos años se han revalorizado como viviendas y áticos.
Grabado antiguo de Cádiz mostrando sus numerosas
Torres-Miradores

jueves, 12 de marzo de 2015

El canal que dividía en dos a Cádiz


Cádiz en la Antigüedad. Se puede ver el Canal
Bahía-Caleta situado entre las islas pequeña y
alargada, las cuales darían lugar al Cádiz actual.
 La isla de la derecha corresponde a San Fernando
En la Antigüedad existía una canal o brazo de mar que dividía en dos a Cádiz. Esto era debido a la propia configuración geográfica de la antigua Gadir, formada por un pequeño archipiélago de tres islas frente a la desembocadura del río Guadalete, cuyos nombres eran Eritheia, Kotinoussa, origen ambas del Cádiz actual, y Antipolis, actual San Fernando. Eritheia era la isla más pequeña, la cual ocupaba todo el flanco norte de lo que hoy es el casco antiguo gaditano, aproximadamente desde el castillo de Santa Catalina hasta el barrio de San Carlos y alrededores, cuyo centro era la zona de la Torre Tavira, la parte más elevada y donde se edificó la ciudad, la Gadir fenicia, cuyos restos podemos contemplar en el yacimiento arqueológico del Teatro Cómico. Frente a ella, estaba Kotinoussa, isla estrecha y alargada, que se extendía desde la castillo de San Sebastián hasta el islote de Sancti-Petri. Un canal separaba ambas islas, el cual, entrando por la Caleta, llegaba hasta la bahía, pasando por donde hoy se encuentra el barrio de la Viña, el Mercado Central, la Plaza de las Flores, de la Catedral, San Juan de Dios y el muelle.
Este era el paisaje que se encontraron los primeros colonizadores fenicios que arribaron a la bahía gaditana, instalando el núcleo urbano en el interior del canal, en el entorno de Tavira, como queda dicho. Una factoría de salazón romana, situada a muy escasa distancia de este lugar, descubierta hace unos años tras el derribo del Teatro Andalucía, confirmaría la existencia de este canal, pues este tipo de construcciones se localizaban siempre junto al mar. El puerto fenicio se cree que estaría situado en el entorno del Mercado Central, lugar bien protegido de los temporales. Con el paso del tiempo, el canal se iría cegando en esta zona intermedia, por la misma acumulación de embarcaciones hundidas y de otros restos, y así debía estar en tiempos de la dominación romana, momento en que se levantó una nueva ciudad en la isla Kotinousa, frente a Gadir, conocida como Neápolis, cuyos restos han aparecido bajo los actuales barrios del Pópulo y de Santa María.
Se puede observar el canal a la izquierda del castillo de San
Sebastián, entre las rocas de la Caleta
Poco a poco, el canal fue colmatándose y, todavía en la Edad Media, quedaban restos del mismo en la plaza de San Juan de Dios. De hecho, el arco del Pópulo, en la vecina calle Pelota, era conocido en esta época como Puerta del Mar.
En la actualidad, se puede ver parte de este canal, bautizado hace unos años como Canal Bahía-Caleta, en aguas de ésta última, surcado a ambos lados por las rocas que rodean los castillos de Santa Catalina y San Sebastián, y que en el pasado era tierra emergida, pero que el paulatino avance del mar ha ido cubriendo. Un simple vistazo a una fotografía aérea de la Caleta permite percatarnos de la existencia del canal.