viernes, 3 de abril de 2020

La gran epidemia del año 1800

Vista de Cádiiz en un grabado de la época
Desde hace unos meses, una pandemia provocada por el virus covid19 o coronavirus, originado en China, está sacudiendo todo el planeta. En nuestro país, uno de los más afectados, el contagio está alterando gravemente la vida normal de los ciudadanos, sobre todo tras la declaración, y posterior prórroga, del estado de alarma por el gobierno para tratar de contener la enfermedad, una situación inédita que ha generado preocupación e incetidumbre entre la población, desacostumbrada a este tipo de situaciones. Pero en el pasado las epidemias formaban parte frecuente de la vida cotidiana, debido a las pésimas condiciones higiénicas existentes, a la carencia de medios con que combatirlas y al desconocimiento médico, en muchos casos, de esas enfermedades, lo que provocaba una gran mortandad. A lo largo de la historia ha habido muchas pandemias, algunas de ellas de una gran mortalidad que mermaron drásticamente la población, como la peste negra en el siglo XIV o, más recientemente, la gripe española en 1918.
Cádiz sufrió los devastadores efectos de tales epidemias. Una de las más letales fue la de fiebre amarilla del verano de 1.800, que también afectó a otras poblaciones de la provincia y de Andalucía.
La enfermedad llegó a Cádiz en un barco procedente de Cuba
Era una enfermedad originaria de África que se había extendido por América con el tráfico de esclavos africanos, y, aunque en el siglo anterior ya había hecho acto de presencia en la ciudad, en esta ocasión causó mayores estragos. El brote se había originado en el gaditano barrio de Santa María, tras la llegada al puerto de Cádiz de un buque infectado procedente de La Habana, según informaba un médico local. El Vómito Negro, como era conocida popularmente la enfermedad por los vómitos de sangre que presentaba, la causa un virus que se propaga con la picadura de algunos mosquitos, siendo su transmisicón mayor en los  meses más calurosos. Junto con los vómitos, los síntomas que presenta son fiebre alta, dolores de cabeza y musculares, ictericia o pigmentación amarillenta de la piel y ojos, insuficiencia hepática y renal y hemorragias, muriendo la mitad de los enfermos que entran en la fase tóxica, entre los siete y diez días del contagio. En un principio, los médicos, por desconocimiento, no le dieron la importancia que merecía, pero todo cambió cuando empezó a aumentar drásticamente el número de afectados. Los vecinos del barrio de Santa María sacaron en procesión la imagen del Nazareno, creyendo que así se detendría el contagio, pero lo único que consiguieron, como era de esperar, fue extenderlo más. Las poblaciones de alrededor establecieron un cordón sanitario sobre la capital gaditana que resultó inútil, pues rápidamente la enfermedad se propagó por toda la Bahía.
Enfermo de fiebre amarilla vomintando sangre
Desde el Ayuntamiento se llevaron a cabo registros sanitarios de la epidemia para controlar su evolución, así como de las limosnas recibidas, que eran entregadas a las parroquias y hospitales para repartirlas entre los afectados, además de para el pago del personal sanitario y las labores de desinfección. Los médicos, por su parte, debían informar diariamente sobre la evolución de la enfermedad, llevando un registro de los enfermos por ellos atendidos, de los fallecidos y de los curados, información que debían trasmitir a los comisarios de barrio de la ciudad y éstos, a su vez, a las autoridades locales. Los hospitales también llevaban su registro de enfermos, fallecidos y sanados. Un cirujano residente en la ciudad, el doctor Juan de Carvajal y Salazar, llegó a elaborar una guía para prevenir la enfermedad con el propósito de repartirla gratuitamente entre la población (*).
La Junta de Sanidad de Cádiz era la institución encargada de velar por la salud pública, que ya existía desde el siglo XVIII. Las Cortes en 1813 legislaron sobre dichas Juntas, estableciendo que en materia de epidemias y contagios debía existir una en cada provincia compuesta por el jefe político, el intendente, el obispo o su vicario, un individuo de la Diputación y el número de facultativos y vecinos que ésta estimare. En los llamados Libros de registro de mortandad la Junta registraba los partes diarios de cadáveres enviados al cementerio de San José, indicando el hospital o parroquia de procedencia y el sexo de los fallecidos. Se ha conservado también un curioso documento titulado Noticias de los efectos quemados con motivo de dicha epidemia (la de 1804) donde se detallan los objetos que se quemaban de las personas contagiadas y fallecidas: muebles, ropas, colchones, sábanas, etc., indicando, incluso, los domicilios de los afectados. En otro documento fechado el 2 de diciembre de 1819, la Junta de Sanidad de Cádiz relaciona el número de fallecidos habidos entre los años 1800 y 1819 como consecuencia de los distintos brotes epidémicos, casi todos ellos de fiebre amarilla, detallándolos por año, dando un total de más de 67.900 personas fallecidas (**).
Total de fallecidos entre 1800 y 1819. Junta de Sanidad de Cádiz
Según el historiador local Adolfo de Castro (***), en la epidemia de 1800, entre los meses de agosto y octubre, la más mortífera de los dos últimos siglos, se contabilizaron 48.520 infectados, en una ciudad de 57.499 habitantes, falleciendo 7.387. Por sexos, la mortalidad fue mayor entre los hombres que en las mujeres, siendo de 5.810 entre los primeros y 1.577 las segundas; por edades, en la población masculina el mayor impacto tuvo lugar entre los 21 y 40 años, mientras que entre las mujeres la mortandad oscilaba entre 1 y 10 años de edad. A estos datos habría que añadir los 1.128 fallecidos habidos en el Hospital de la Segunda Aguada, ubicado en extramuros, ascendiendo el número total de muertos a 8.515 en el conjunto de la ciudad, cifra que la Junta de Sanidad elevaba a 9.042. También se especificaba los cadáveres que eran trasladados en camillas desde sus casas al depósito  municipal, así como los de los hospitales (Hospital Real, de San Juan de Dios, de Mujeres y de la Segunda Aguada) trasladados en carros al cementerio de la ciudad.
En medio de la desolación provocada por la enfermedad, una escuadra inglesa compuesta de 148 buques y quince mil hombres, amenazaba con invadir Cádiz el día 5 de octubre, pero la carta del gobernador de la plaza, Tomás de Morla, al almirante inglés Guillermo Keith informándole de la situación sanitaria de la ciudad, evitó el ataque inglés, como relata el citado A. de Castro. 
Diputado José Mejía Lequerica, víctima de la enfermedad
No fue ésta la única epidemia de fiebre amarilla que padeció la ciudad: en los años 1804, 1810, 1813 y 1819 surgieron nuevos brotes, aunque con una incidencia menor en cuanto a número de contagiados y fallecidos. La epidemia de 1810 provocó el traslado del Consejo de Regencia y la Junta Suprema, instalados en Cádiz tras la ocupación francesa, a la vecina Isla de León (San Fernando), donde se inaugurarían las Cortes el 24 de septiembre de dicho año, volviendo a la capital gaditana unos meses después, pasada la epidemia. En la de 1813 hubo fallecidos entre los propios diputados de las Cortes y un médico local llegó a afirmar que la enfermedad afectaba preferentemente a los hombres del Norte, a los obesos, robustos y corpulentos y a los de carácter melacólico, siendo, en cambio, muy benigna para las mujeres de genio alegre y para los naturales de Cádiz. Ciertamente, una de los aspectos más característicos de la fiebre amarilla fue, como hemos visto, su mayor índice de mortalidad entre la población masculina.
Cádiz y el resto del país padecerían nuevas epidemias a lo largo del siglo, destacando las del cólera-morbo de los años 1854 y 1885, que ponía de manifiesto la vulnerabilidad de la población ante este tipo de situaciones, algo que sigue sucediendo en la actualidad, como estamos viendo con la pandemia del nuevo virus, a pesar de los avances médicos y tecnológicos de nuestro tiempo.

(*) Contabilidad y gobierno de la salud pública: la epidemia de fiebre amarilla de 1800 en Cádiz. Capelo M., y Araujo P.. Universidad de Cádiz.
(**) La Junta de Sanidad de Cádiz:  Las epidemias que asolaron Cádiz en el siglo XIX. Santiago Saborido Piñero. Archivo Histórico Provincial de Cádiz. 2.020.
(***) Historia de Cádiz y su Provincia, de Adolfo de Castro. 1.858.

lunes, 17 de febrero de 2020

El templo de los ladrillos coloraos

Gran Teatro Falla de Cádiz
Son varios los lugares emblemáticos de Cádiz donde el Carnaval adquiere una dimensión especial: el barrio de la Viña, la playa de La Caleta, los alrededores del Mercado Central o Plaza de la Libertad; en realidad, cada esquina, cada calle o plaza de su casco antiguo respira Carnaval. Pero es en el llamado Templo de los ladrillos coloraos, el Gran Teatro Falla, en la plaza Fragela de la capital gaditana, donde esta fiesta se hace simbólica, auténtico santuario de las coplas de Cádiz, donde coros, comparsas, chirigotas y cuartetos expresan su arte en forma de tangos, pasodobles y cuplés, manifestando su saber y su sentido de la vida, que es el sentir propio del pueblo gaditano, como una manera particular de entenderla. Cádiz, la vieja Cádiz, se abre al mundo en Carnaval, porque éste es su momento, el  momento de contar lo que piensa, lo que siente y su forma de vivirlo. Así, cada año por febrero la ciudad, más que ponerse, se quita el disfraz y se muestra tal como es, divertida, alegre, abierta, auténtica.
Interior del Teatro Falla
El nombre de ladrillos coloraos le viene por el llamativo color de los ladrillos con que está construído el teatro, característico del estilo neomudéjar de su construcción, al igual que los arcos de herradura de puertas y ventanas de su fachada, donde llama la atención la alternancia de dovelas blancas y rojas. De planta en forma de herradura, el interior del edificio también presenta una importante decoración, destacando la arquitectura del hierro, adaptada al estilo neomudéjar, y las pinturas del techo, una alegoría del Paraíso, obra de los pintores Felipe Abarzuza y Julio Moisés, de ahí el nombre con que también se conoce el gallinero.
Construido entre los años 1885 y 1905 sobre el solar del Gran Teatro de Cádiz, destruido en un incendio, por los arquitectos Adolfo Morales de los Ríos y Juan Cabrera de la Torre, que finalizó la obra, tomaría el mismo nombre del teatro desaparecido, inaugurándose cinco años después, cambiando posteriormente su denominación por el de Gran Teatro Falla en honor al compositor gaditano Manuel de Falla. Tiene un aforo para algo más de 1.200 espectadores repartidos entre el patio de buracas, palcos platea, palcos principales, palcos segunda, anfiteatro y gallinero.
Actuación de un coro
El Falla se viste de gala con el Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas (el COAC), el cual viene celebrándose desde el año 1949, aunque ya en años anteriores habían tenido lugar actuaciones carnavalescas, donde numerosas agrupaciones, tanto de la capital y provincia gaditanas, como de Andalucía y del resto de España, ofrecen cada año por estas fechas sus mejores coplas y tipos, hecho éste que refleja el creciente interés de este evento más allá de las fronteras gaditanas, a lo que sin duda ha contribuído su retransmisión ininterrumpida por televisión durante los últimos cuarenta años. El concurso se prolonga durante aproximadamente un mes, en varias fases: preliminares, cuartos de final, semifinales y la gran final, que tiene lugar el viernes anterior al miércoles de ceniza. Entre los años 1986 y 1990 tuvo que trasladarse al desaparecido Teatro Andalucía, debido a las obras de reforma que se llevaron a cabo en el Falla.
Baile de carnaval en el interior del Falla
Otro de los actos típicos que se celebraban en su interior durante las fiestas de Carnaval eran los bailes de disfraces en la zona del patio de butacas, que se adaptaba para los mismos, los cuales dejaron de celebrarse tras la citada reforma.
Además de este concurso que le ha dado fama, en el Gran Teatro Falla tienen lugar obras de teatro, conciertos, musicales y otros espectáculos, destacando entre todos ellos el Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz y la Muestra Cinematográfica del Atlántico Alcances, uno de los festivales de cine más antiguos de España.

miércoles, 22 de enero de 2020

Nuevas investigaciones sobre el Cádiz fenicio y romano

En color naranja la Gadir fenicia y en morado la Gades romana


A raíz de las prospecciones arqueológicas llevadas a cabo en el subsuelo del edifico Valcárcel, el cual va a ser rehabilitado para convertirse en una Facultad de la Universidad de Cádiz, ha visto la luz nuevas investigaciones sobre el Cádiz fenicio y romano, concretamente en lo referente al llamado Canal Bahia-Caleta. Este canal o brazo de mar dividía la ciudad de Gadir-Gades en dos islas en la Antigüedad, llamadas Eritheia y Kotinoussa, en la primera de las cuales, la más pequeña, se asentaron los colonizadores fenicios y, posteriormente, los cartagineses, donde en la actualidad se encuentra el Yacimiento fenicio Gadir (siglo IX a. de C.) y alrededores, próximo a la Torre Tavira, mientras que siglos después los romanos, que se habían establecido en un principio en la ciudad fenicia, se extendieron por la otra isla, donde edificaron una ciudad nueva, en la zona que hoy ocupan los barrios del Pópulo y Santa María, lugares donde a lo largo de los años han aparecido gran cantidad de restos arqueológicos, destacando, sin duda alguna, el teatro romano (s. I a. de C.).
Canal Bahía-Caleta. Eritheia a la izquierda y Kotinoussa a la derecha
La exitencia de este canal ya se conocía desde hacía tiempo, pero se pensaba que el mismo había empezado a cegarse durante el período romano, fusionándose ambas islas en una sola. Las nuevas investigaciones, en cambio, apuntan a que esta colmatación pudo suceder algo más tarde, posiblemente a finales de la dominación romana o, incluso, en época medieval, con lo cual habrían convivido la Gadir fenicia y la Gades romana, una frente a la otra separadas por el canal, aunque es de suponer que ambas estarían conectadas mediante puentes. En las prospecciones realizadas, de hasta 50 metros de profundidad, se ha descubierto un fondeadero, además de numerosos fragmentos y restos arqueológicos, lo que demostraría el uso del canal para la navegación.
Éste atravesaría lo que hoy es el casco antiguo gaditano, partiéndolo en dos, extendiéndose desde La Caleta hasta el muelle. Gadir, Gades, Cádiz, era, pues, un pequeño archipiélago (al que habría que añadir una tercera isla, Antípolis, actual San Fernando), de ahí que autores antiguos, como Estrabón, se refirieran a ella como Gadeira, que es una forma plural griega. Esperemos que los estudios arqueológicos sigan aportando nuevos e interesantes datos sobre la antigua ciudad gaditana.

Se observa a la izquierda de la imagen el canal sumergido, que continúa bajo la ciudad

Valcárcel, sede de la futura Facultad de Ciencias de la Educación
Para más información sobre este tema:
https://curiosidadesdecadiz.blogspot.com/search/label/El%20canal%20que%20divid%C3%ADa%20en%20dos%20a%20C%C3%A1diz 
Sobre el edificio Valcarcel:
https://curiosidadesdecadiz.blogspot.com/search/label/El%20edificio%20Valc%C3%A1rcel

domingo, 10 de noviembre de 2019

Facultad de Medicina de Cádiz, referente histórico de las ciencias médicas en España

Facultad de Medicina de Cádiz
En el Cádiz del siglo XVIII los estudios médicos alcanzaron un notable desarrollo, al igual que otros aspectos de la vida de la ciudad, los cuales fueron objeto de una importante renovación, creando un modelo que sería imitado en el resto de España y Europa.
Estos estudios empezaron a tomar forma en 1728 con la creación en el Hospital Real de Cádiz de una Escuela de Practicantes de Cirugía de la Armada y un Anfiteatro Anatómico por el francés Juan Lacomba, Cirujano Mayor de la Armada y director de dicho hospital, quien sería autor también de unas nuevas Ordenanzas para los cirujanos navales. Con ello, pretendía mejorar el nivel formativo del personal sanitario. 
En 1748 se da un paso decisivo cuando el catalán Pedro Virgili, Cirujano Mayor del Ejército, crea el Real Colegio de Cirugía de la Armada, junto con Lacomba, siendo aprobados sus estatutos por el rey Fernando VI, una institución que va a renovar la Medicina y la Cirugía de la época, y que es origen de la actual Facultad de Medicina de Cádiz. Virgili tenía el proyecto de fusionar en una sola carrera ambas ciencias, hasta entonces independientes, lo que tendría lugar a finales del siglo, ya fallecido, hecho novedoso que se difunde rápidamente por España y Europa, pasando a denominarse Real Colegio de Cirugía y Medicina de la Armada.
Antiguo edificio de la Facultad
El médico catalán atrae a Cádiz a los mejores profesionales y envía a los alumnos más aventajados a los centros europeos más prestigiosos. Los mejores médicos españoles del momento estudian sus carreras en el Colegio gaditano, el cual sirve de modelo a los Colegios de Cirugía de Madrid y de Barcelona. Los estudios, que se realizaban en el Hospital Real en régimen de internado, tenían una duración de ocho años, de los cuales los dos últimos eran de prácticas que los alumnos realizaban embarcados. Era una enseñanza de calidad, a lo que contribuía la planificación y uniformidad de los estudios, el empleo de instrumental médico avanzado, la práctica de operaciones ejecutadas con técnicas novedosas y el estudio de cadáveres. Se publicaron, además, importantes obras, disponiendo el Colegio de una gran biblioteca. Entre sus alumnos más aventajados, destacaron el botánico José Celestino Mutis y el médico José Benjumeda. En la fachada del Anfiteatro del Colegio figuraba la siguiente inscripción, mandada colocar por Virgili: La disección de cadáveres pone de manifiesto la sabiduría de la naturaleza. Más que la vida locuaz, la muerte taciturna nos enseña.*
Hospital Real (s. XVII), junto a la Facultad de Medicina
Este desarrollo de las ciencias médicas tuvo su reflejo en la vida local, contribuyendo a la mejora de la calidad de vida de los gaditanos, que podían contar con buenos médicos y hospitales, como recogía una crónica de la época: De los tres hospitales que hay en Cádiz, son notables dos por su limpieza, no así el tercero, que es el Hospital Militar, porque está destinado a soldados y en él se instruyen 80 estudiantes, mantenidos a costa del rey.*
Con el nuevo siglo el Real Colegio de Cirugía y Medicina pasa a denominarse Escuela Especial de Ciencias de Curar y, más tarde, Colegio Nacional de Medicina y CirugíaEn 1843 los Reales Colegios se transforman en Facultades de Ciencias Médicas, transformándose dos años después el colegio gaditano en Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla en Cádiz, siendo su primer decano el ya citado médico y catedrático de Anatomía José Benjumeda.
La Facultad de Cádiz, junto a las de Madrid y Barcelona, fue Facultad de Primera Clase, mientras que otras españolas, como las de Granada, Salamanca o Valencia, lo eran de segunda. Durante este periodo se formaron en sus aulas médicos, entre otros, de la talla de Cayetano del Toro, que también fue alcalde de la ciudad.
Busto de Pedro Virgili, en el interior de la Facultad
La carencia de un hospital en la Facultad a lo largo del siglo XIX, hizo que un benefactor gaditano, José Moreno de Mora, construyese uno a sus expensasen en 1903, el Hospital Clínico de la Facultad de Medicina, gestionado por la Diputación Provincial, el cual sería conocido como Hospital Mora.
El edificio del antiguo Real Colegio de Cirugía y Medicina del siglo XVIII, reformado posteriormente, fue derribado y sustituido por el de la actual Facultad de Medicina en los años setenta del pasado siglo. Vinculada a la Universidad hispalense desde el principio, la Facultad de Medicina de Cádiz consigue independizarse de ésta en 1979, con la creación de la Universidad de Cádiz, de la que es su germen y facultad más antigua.
Como curiosidad, decir que el centenario drago que se conservaba en su patio interior desde tiempos del fundador del Colegio de Cirugía, Pedro Virgili, fue destruido por un rayo en 1991. Por útlimo, un año antes cerraba sus puertas el Hospital Mora, trasladándose al Hospital Clínico de Puerto Real, transformándose el edificio en la actual Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Cádiz.
(*) Citas textuales: El siglo XVIII gaditano, de Mariano de Retegui Bensusán. 1982.

viernes, 4 de octubre de 2019

Hércules, fundador de Cádiz

Escudo de Cádiz
La relación de Cádiz con Heracles, el gran héroe de la mitología griega, o Hércules en la mitología romana, traspasa el terreno de lo histórico para adentrarse de lleno en lo mítico. Es, de hecho, una seña de identidad de la ciudad, como puede observarse en las representaciones del héroe griego en algunos de sus monumentos, y su figura ha dado nombre a otros que ya desaparecieron, como el famoso Templo de Melkart o de Hércules y la Torre del mismo nombre, que algunos, erróneamente, han llegado a considerar lo mismo, siendo edificios distintos. Pero, sobre todo, esa seña de indentidad se refleja en su escudo, en donde Hércules aparece representado con una piel de león y dos leones a derecha e izquierda, tras del cual se yerguen dos columnas de plata, las famosas Columnas de Hércules, simbolizando el Peñón de Gibraltar y el monte Hacho de Ceuta, envueltas con una cinta dorada con el lema Plus Ultra, y la leyenda latina Hércules Fundator Gadium Dominatorque (Hércules Fundador y Dominador de Cádiz) rodeando su figura, todo ello sobre un campo de azur o azul. Encima, una corona de oro incrustada de piedras preciosas y una corona de laurel rodeando el conjunto completan el escudo. Hércules con los leones también están representados en el escudo del club de fútbol de la ciudad.
Nacido de la relación del dios Zeus con la mortal Alcmena, hermana de su propia esposa Hera, su don principal era su enorme fortaleza, y entre sus hazañas más conocidas destacan los llamados Doce Trabajos, castigo que se le impuso por haber matado a su esposa e hijos tras tomar un veneno servido por la diosa Hera, celosa de la relación de Zeus con su hermana, bebida que le hizo perder la razón, de lo que luego se arrepintió. Estos fueron los doce trabajos de Hércules:
Hércules luchando con Gerión. Ánfora 540 a. C. M. del Louvre
1. Matar el León de Nemea.
2. Matar a la Hidra.
3. Capturar a la Cierva de Cerinea.
4. Capturar al Jabalí de Erimanto.
5. Limpiar los establos de Augias en un solo día.
6. Matar a los Pájaros del Estínfalo.
7. Captuar al Toro de Creta.
8. Robar las Yeguas de Diomedes.
9. Robar el Cinturón de Hipólita.
10. Robar el ganado de Gerión.
11. Robar las manzanas del Jardín de las Hespérides.
12. Capturar a Cerbero y sacarlo de los infiernos.

Según relatan autores griegos y romanos, Heracles llega a tierras gaditanas con la misión de realizar uno de dichos trabajos, el décimo, robar el ganado de Gerión, ser monstruoso compuesto de tres cuerpos con forma humana unidos en uno solo de cintura para abajo, dueño de un ganado de reses rojas, cuidados por un pastor llamado Euritión y un perro llamado Ortho, que habitaba en una isla llamada Eritheia, una de las que componían el pequeño archipiélago, junto con Kotinoussa, que entonces era Cádiz, Gadir para los fenicios, Gadeira para los griegos y Gades para los romanos. Una tercera isla, llamada Insula Iunonis, correspondería a la actual San Fernando.
Cádiz antiguo. Isla Eritheia en color naranja
Hesíodo, que vivió en el s. VIII a. de C., en su Teogonía afirma lo siguiente: Crisaor engendró al tricéfalo Gerión unido con Calírroe, hija del ilustre Océano; a éste le mató el fornido Heracles por sus bueyes de marcha basculante en Eriteia rodeada de corrientes.
El poeta Estesícoro, en un poema dedicado a Gerión, en el s. VI a. de C. refiere que vivía Más o menos enfrente de la famosa Eriteia, junto a los manantiales inagotables, de raíces de platas, del río Tartesos, en la gruta de una peña.
Apolodoro, en el s. II a. de C., cita también a Cádiz como escenario del trabajo de Heracles: Como décimo trabajo se ordenó a Heracles el ir a buscar el ganado de Gerión de Eriteia. Es ésta una isla situada en las proximidades del Océano, que ahora se llama Cádiz, habitada por Gerión, hijo de Crisaor y de Callírroe, la hija del Océano. Gerión tenía los cuerpos de tres hombres, crecidos juntos, unidos en uno por el vientre y divididos entre tres desde los costados y los muslos. Era propietario de un rojo rebaño. Euritión era su pastor y su perro guardián Orto, de dos cabezas, hijo de Equidna y de Tifón.
El historiador Herodoto, en el siglo V a. de C., afirma que Geriones, empero, residía lejos del Ponto, tenía su morada en una isla que los griegos denominan Eriteia, que se encuentra cerca de Gadeira, ciudad ésta siiuada más allá de las Columnas de Heracles, a orillas del Océano.
Hércules. Moumento a las Cortes
Otro historiador griego del s. I a. de C., Diodoro de Sicilia o Sículo, sitúa también en Cádiz la hazaña de Hércules: y Heracles, habiendo recorrido una gran parte de Libia, llegó al Océano cerca de los gaditanos y colocó estelas (columnas) en cada parte de los continentes, (...) y apoderándose de Iberia se marchó conduciendo los renombrados rebaños de bueyes.
Para Estrabón, geógrafo griego del siglo I, Eriteia se encontraba en Cádiz, y Plinio el Viejo, escritor y naturalista romano del S. I d. C., explica el origen del nombre de la isla y dice que es: ...Gades. Es llamada Eriteia por Eforo, y Filístides, Afrodisias por Timeo y Sileno. y por los naturales la Isla de luno. Según Timeo la isla mayor fue llamada Cotinusa por sus olivos. Nosotros la llamamos Tartessos, más los púnicos Gadir, lo que en lengua púnica significa reducto. Fue llamada Eriteia porque los tirios, sus aborígenes, se decían oriundos del mar Eritreo. Según opinión de algunos, aquí vivió en otro tiempo Geryones, al que Hércules arrebató los ganados.
Algunos de ellos llegan a localizar también el robo de las manzanas del Jardín de las Hespérides, undécimo trabajo de Hércules, en esta misma zona, entre otras posibles localizaciones del lejano Occidente.
Incluso un geógrafo romano originario de la misma provincia de Cádiz, Pomponio Mela (s. I d. C.), afirma que el héroe griego estaría enterrado en el gaditano Templo de Hércules, como, al parecer, era fama en la época.
Queda clara, pues, la estrecha relación de este personaje mitológico con Cádiz, llegando a figurar en el propio escudo de la ciudad y de su club deportivo, donde se le describe como su fundador y dominador.

Escudo en columna conmemorativa de los Patronos de Cádiz, s. XVIII.
Escudo del Cádiz C. F.