jueves, 12 de marzo de 2015

El canal que dividía en dos a Cádiz


Cádiz en la Antigüedad. Se puede ver el Canal
Bahía-Caleta situado entre las islas pequeña y
alargada, las cuales darían lugar al Cádiz actual.
 La isla de la derecha corresponde a San Fernando
En la Antigüedad existía una canal o brazo de mar que dividía en dos a Cádiz. Esto era debido a la propia configuración geográfica de la antigua Gadir, formada por un pequeño archipiélago de tres islas frente a la desembocadura del río Guadalete, cuyos nombres eran Eritheia, Kotinoussa, origen ambas del Cádiz actual, y Antipolis, actual San Fernando. Eritheia era la isla más pequeña, la cual ocupaba todo el flanco norte de lo que hoy es el casco antiguo gaditano, aproximadamente desde el castillo de Santa Catalina hasta el barrio de San Carlos y alrededores, cuyo centro era la zona de la Torre Tavira, la parte más elevada y donde se edificó la ciudad, la Gadir fenicia, cuyos restos podemos contemplar en el yacimiento arqueológico del Teatro Cómico. Frente a ella, estaba Kotinoussa, isla estrecha y alargada, que se extendía desde la castillo de San Sebastián hasta el islote de Sancti-Petri. Un canal separaba ambas islas, el cual, entrando por la Caleta, llegaba hasta la bahía, pasando por donde hoy se encuentra el barrio de la Viña, el Mercado Central, la Plaza de las Flores, de la Catedral, San Juan de Dios y el muelle.
Este era el paisaje que se encontraron los primeros colonizadores fenicios que arribaron a la bahía gaditana, instalando el núcleo urbano en el interior del canal, en el entorno de Tavira, como queda dicho. Una factoría de salazón romana, situada a muy escasa distancia de este lugar, descubierta hace unos años tras el derribo del Teatro Andalucía, confirmaría la existencia de este canal, pues este tipo de construcciones se localizaban siempre junto al mar. El puerto fenicio se cree que estaría situado en el entorno del Mercado Central, lugar bien protegido de los temporales. Con el paso del tiempo, el canal se iría cegando en esta zona intermedia, por la misma acumulación de embarcaciones hundidas y de otros restos, y así debía estar en tiempos de la dominación romana, momento en que se levantó una nueva ciudad en la isla Kotinousa, frente a Gadir, conocida como Neápolis, cuyos restos han aparecido bajo los actuales barrios del Pópulo y de Santa María.
Se puede observar el canal a la izquierda del castillo de San
Sebastián, entre las rocas de la Caleta
Poco a poco, el canal fue colmatándose y, todavía en la Edad Media, quedaban restos del mismo en la plaza de San Juan de Dios. De hecho, el arco del Pópulo, en la vecina calle Pelota, era conocido en esta época como Puerta del Mar.
En la actualidad, se puede ver parte de este canal, bautizado hace unos años como Canal Bahía-Caleta, en aguas de ésta última, surcado a ambos lados por las rocas que rodean los castillos de Santa Catalina y San Sebastián, y que en el pasado era tierra emergida, pero que el paulatino avance del mar ha ido cubriendo. Un simple vistazo a una fotografía aérea de la Caleta permite percatarnos de la existencia del canal.

lunes, 23 de febrero de 2015

El Callejón del Duende

Callejón del Duende, en el barrio del Pópulo. Cádiz
En el casco antiguo de Cádiz, en el barrio del Pópulo, se encuentra este lugar de tan sugestivo nombre, justo al lado de la emblemática Posada del Mesón. Es un callejón tan estrecho que solo podría transitar por él una persona en uno u otro sentido, que antiguamente comunicaba la calle Mesón con la plaza de Fray Félix, donde se encuentra la Catedral Vieja, pero que en la actualidad está cegado y cuyo acceso, además, está cerrado por una verja.
El nombre, al parecer, le viene de una antigua leyenda de los tiempos de la guerra de Independencia, a principios del siglo XIX, según la cual, finalizada ésta, un oficial napoleónico, que iba a ser ajusticiado junto con otros prisioneros franceses por las autoridades españolas, se salvó de la pena capital gracias a las intrigas de una gaditana enamorada de él, que llegó a sobornar al verdugo para que no lo matara, simulando su ejecución. Escondido el francés durante el día, por las noches los amantes se veían en el callejón. Algunos vecinos que lo vieron pasar por allí envuelto en una capa, al que tenían por muerto, creyeron que era su espíritu que se dirigía a la iglesia de Santa Cruz para expiar sus pecados. Y así nació la leyenda. Los vecinos empezaron a conocer el lugar como el Callejón del Duende, nombre con el que ha llegado hasta nuestros días.
En otra versión de esta misma leyenda, el francés y la gaditana, enamorados ambos, se citaban a escondidas en el callejón, hasta que un día fueron descubiertos, siendo ejecutado el oficial y muriendo ella también poco después. Los vecinos, pese a estar muertos, aseguraban verlos por las noches, y todavía hoy día hay quien afirma haber visto sus espíritus por allí alguna vez. En su recuerdo, los vecinos ponen en el callejón flores y velas. 
Por último, el nombre también se podría deber a un bandolero apodado El Duende, que vivió en el siglo XIX y que paraba en el callejón.

viernes, 23 de enero de 2015

El rey que quiso ser enterrado en Cádiz

Miniatura medieval representando al rey
Alfonso X El Sabio
Alfonso X El Sabio, fue un rey de Castilla, que reinó entre 1.252 y 1.284, así llamado por la ingente labor cultural, jurídica y científica llevada a cabo bajo su reinado, cuyo ejemplo más notable fue la famosa Escuela de Traductores de Toledo, en la que participaron eruditos cristianos, judíos y musulmanes en la traducción de obras de la antigüedad clásica. Entre sus obras más importantes destacan las Siete Partidas, la Crónica General de España, las Tablas Alfonsíes y las Cantigas de Santa María. Fue también un rey conquistador, siguiendo en esto la estela de su padre Fernando III El Santo, el cual había reconquistado gran parte de Andalucía a los musulmanes. Alfonso, por su parte, incorporó a la Corona de Castilla buena parte de la actual provincia gaditana, entre ellas las plazas de Jerez y Cádiz, en torno al año 1.260, repoblándola, una vez expulsada la población musulmana, con gentes procedentes del norte, especialmente de la región cantábrica.
Reconquistada Cádiz, el Rey Sabio reconstruyó la villa, situada en lo que hoy es el barrio del Pópulo, con idea de hacer de ella una ciudad importante, convirtiéndola en sede de obispado, en sustitución del antiguo ubicado en Medina-Sidonia, dotándola de fuertes murallas y mandando construir la Catedral Vieja o Iglesia de Santa Cruz, construcción de estilo gótico, destruida durante el saqueo inglés de 1596, y reconstruida posteriormente en el actual edificio.
Alfonso X tenía proyectado continuar la labor conquistadora más allá del Estrecho de Gibraltar, sometiendo bajo el dominio castellano el norte de África y, así, evitar en lo posible futuras invasiones musulmanas de España procedentes de esta zona. En este magno proyecto, conocido como fecho del mar, Cádiz y su bahía ocuparían un lugar de primer orden por su estratégica posición geográfica, como puerto base desde el cual organizar la conquista de las tierras africanas. De ahí, su interés en engrandecer la ciudad y de ser el lugar elegido para que reposaran sus restos mortales una vez fallecido.
Grabado medieval de Cádiz, en donde se aprecia las Puertas de Tierra y, al fondo, la villa medieval mandada reconstruir por Alfonso X
Pero otros intereses de su política exterior, como su aspiración al trono imperial germánico, que había quedado vacante y al que tenía derecho por línea materna, le hicieron abandonar aquél proyecto, incumpliéndose también su deseo de ser enterrado en la catedral gaditana, siendolo, finalmente, en la de Sevilla.
La ciudad de Cádiz, pues, tuvo que esperar más de tres siglos, hasta la época del Descubrimiento de América, para renacer de nuevo y tener el protagonismo que se merecía en la historia de España.

lunes, 6 de octubre de 2014

Las bailarinas gaditanas que encandilaron a Roma

La mujer gaditana siempre se ha caracterizado por su arte y por su gracia a la hora de entender el mundo de la danza. En tiempos de la antigua Roma, existían en Cádiz unas muchachas conocidas como puellae gaditanae, bailarinas famosas por sus bailes sensuales y voluptuosos que provocaban el entusiasmo y la excitación entre la población romana masculina. Llegaron a ser tan apreciadas y celebradas que dos importantes poetas de la época, Marcial y Juvenal*, las mencionan varias veces en sus obras. Así, Marcial en sus Epigramas afirma que su cuerpo, ondulado muellemente, se presta a tan dulce estremecimiento, a tan provocativas actitudes, que harían excitarse al casto Hipólito.
El jaleo de Cádiz, grabado del siglo XIX. Las puellae gaditanae son las
antepasadas de las modernas bailaoras flamencas
Pero, además de bailar, estas jóvenes gaditanas también cantaban canciones eróticas que acompañaban con curiosos instrumentos musicales, como las castañuelas béticas, consistentes en dos planchas metálicas que al chocarlas entre sí provocaban sonidos característicos, parecido a las castañuelas actuales. Sobre esto, Juvenal en sus Sátiras dice que: Quizás esperes un coro que se ponga a cantar las lascivas canciones gaditanas, y que las muchachas, animadas por los aplausos, se tiendan en el suelo meneando el trasero. La sensualidad de sus danzas y cantos se completaba con la escasez de su atuendo, reforzando de esta manera el erotismo de sus movimientos.
Es posible que el origen de estos bailes lascivos esté en las prácticas sexuales de las sacerdotisas en algunos templos, una costumbre común en los rituales religiosos de la Antigüedad, teniéndose constancia de la existencia en la fenicia Gadir de un templo dedicado a la diosa Astarté o Afrodita, cuyas sacerdotisas pudieron haberse convertido, con el paso del tiempo, en las más profanas puellae gaditanae de los romanos. Ya antes, en el siglo II a. de C. se tiene noticia de que un marino griego llamado Eudoxos embarcó en Cádiz un grupo de estas danzarinas en su periplo alrededor del continente africano.
En Gades, antes del comienzo de las obras que se representaban en el teatro, las puellae actuaban a modo de teloneras, ofreciendo sus bailes y cantos al público entregado a ellas. Su fama se extendió por todo el Mediterráneo, llegando a convertirse en Roma en las grandes protagonistas de los banquetes y festines de las clases altas.
Se conoce el nombre de una de estas bailarinas, Teletusa, mencionada por Marcial, diestra en adoptar posturas lascivas al compás de las castañuelas béticas y en bailar según los ritmos de Gades. Teletusa era una mujer gaditana que, vendida como esclava por su antiguo dueño, la volvió a comprar para convertirla en su señora, entusiasmado tras verla bailar. De nuevo libre, acudió a Roma, donde adquirió tanta fama que los patricios y acaudalados romanos se la disputaban para que actuara ante ellos.
Pero no solo las jóvenes de Cádiz fueron famosas por su sensualidad, pues la misma ciudad llegó a tener fama de sensual y voluptuosa, como pone de manifiesto Marcial, una vez más, cuando habla de las muchachas de la licenciosa Gades. 
Es posible que con la denominación de puellae gaditanae no solo se aludiera a las bailarinas de la capital, sino también a las de sus zonas limítrofes, a las que extendía su influencia. Estos bailes son, sin duda, un lejano precedente del actual baile flamenco.
(*) Estos dos autores vivieron entre los siglos I y II de nuestra Era.

jueves, 18 de septiembre de 2014

El mayor naufragio en aguas de Cádiz

El Reina Regente, hundido frente a las costas de Cádiz en 1895
El mayor y más trágico naufragio ocurrido en aguas gaditanas, excepción hecha de los navíos hundidos en la batalla de Trafalgar, tuvo lugar en el año 1895, cuando el crucero Reina Regente se fue a pique frente a la costa de Tarifa debido a un fuerte temporal, llevándose consigo los 420 miembros de su tripulación. Construido en unos astilleros británicos, era el buque más moderno de la armada española de su tiempo, pero con un defecto de construcción que afectaba a su estabilidad. Este defecto se puso en evidencia con el peso de algunos de los cañones de gran porte con que fue equipado, no pudiendo resistir el fuerte oleaje.
El 9 de marzo de dicho año zarpaba el Reina Regente del puerto de Cádiz rumbo a Tánger, para trasladar a esta ciudad norteafricana a una embajada del sultán de Marruecos. Al día siguiente, el capitán del barco, que no quería perderse la botadura de un crucero que iba a tener lugar en la capital gaditana, regresaba a Cádiz, creyendo que el mal tiempo que empezaba a reinar no afectaría a su buque. Pero se equivocaba, pues al poco de zarpar del puerto marroquí, el barco fue visto por última vez en aguas del Estrecho parándose y dando bandazos en medio del temporal. Ya no se volvió a saber nada más del Reina Regente. Conocida la noticia de su desaparición, se iniciaba su búsqueda, pero sin resultado. En los días siguientes, las playas de Algeciras y Tarifa se fueron llenando de familiares de los marineros desaparecidos, esperando el milagro de ver aparecer los seres queridos, pero lo único que traían las olas eran restos del naufragio. Como curiosidad, decir que entre los supervivientes solo hubo un perro, habiendo quedado en tierra, además, dos afortunados marineros que perdieron el barco en Tánger.
Fue, pues, un defecto en la construcción del buque, junto con la imprudencia del capitán al no esperar a que amainara el temporal, lo que provocó su hundimiento y la desaparición de toda su tripulación bajo el mar. Ha sido uno de los peores naufragios de la marina española en cuanto a pérdidas humanas, cuyos restos yacen sepultados en algun punto de la costa gaditana.
Para leer más sobre este tema pinchad aquí: Un cementerio de barcos en aguas gaditanas.